La historia de Pablo Santillán (36) está atravesada por el compromiso laboral, la perseverancia constante y la superación personal. Cuando tenía 12 años comenzó a trabajar en una almacén de Centenario para ayudar a su familia y actualmente es el responsable de Donata Especialidades, uno de los negocios que hizo crecer él mismo gracias a su experiencia.
Es de Centenario, trabaja desde los 12 años para ayudar a su familia y hoy tiene su propio negocio en Banfield
Pablo Santillán entendió de chico lo que es el compromiso laboral, la perseverancia y los logros. De atender un almacén de Centenario pasó a tener su local propio en Banfield.
En el marco del aniversario número 10 de Donata Especialidades en Banfield, Santillán contó su historia de vida que puede ser una inspiración para muchos que trabajan constantemente para superar sus propios límites. "Si me tengo que definir, tengo que decir que trabajé toda mi vida de sol a sol, pero soy un gran agradecido a las oportunidades que tuve y supe aprovechar", comenzó relatando.
Santillán viene de una familia humilde compuesta por sus padres y siete hermanos. El papá siempre les inculcó la responsabilidad laboral. "Mi viejo trabajaba en una estación de servicio lavando autos y nos llevaba para aprender esa labor hasta que lo echaron y cayó en una profunda depresión. Fue en ese momento que decidí, a mis 12 años, ayudar a mi familia y salir a trabajar", recordó.
Fue así que comenzó como repositor en el almacén de su barrio. "Iba a la mañana a la escuela y después trabajaba en el almacén de la vuelta de casa de 13 a 21", dijo sobre sus primeros pasos en el mundo laboral y donde comenzó a aprender el oficio de la atención y la venta al público.
Un poco antes de cumplir la mayoría de edad, uno de sus vecinos lo llevó a trabajar a una de las fiambrerías más reconocidas del centro de Lomas donde siguió adquiriendo conocimiento. "Ahí fue que conocí a Jorge que me enseñó todo sobre el oficio y comencé a proyectar mi propio negocio", detalló.
Su responsabilidad y las ganas de aprender lo llevaron a convertirse en encargado del local a sus 20 años: "Recuerdo que me costó porque tenía a personas más grandes que yo a mi cargo y eso molestaba, pero me supe ganar el respeto de todos".
Del almacén del barrio Centenario a generar ganancias en Banfield
Santillán de muy joven entendió que estancarse en un trabajo no le servía y cuando vio que ya no podía crecer más en la cadena de locales de Lomas Centro, renunció y se fue a trabajar a una papelera. "No me quedaba nada por aprender así que decidí cambiar de rubro", confesó.
Fue en ese nuevo trabajo que le ofreció al dueño salir a buscar clientes y así recorrió barrios, distintas localidades de Lomas cada día para sumar y vender lo que ofrecía la papelera. "Lo que se me hacía más fácil era vender en las fiambrerías porque ya conocía al rubro y así conocí Donata", recalcó.
Su carisma para relacionarse con la gente fue fundamental para que Julio de Donata le ofreciera trabajo. "Me acuerdo que en ese entonces era más pollería y fiambrería el local que está en Maipú 130, Banfield, y como me ofreció una mejor propuesta que la papelera y un desafío que me generó entusiasmo, decidí trabajar con ellos".
Levantar el negocio fue ese desafío que quiso tomar Santillán sin problemas porque conocía mucho el rubro y fue tan bueno su trabajo que a los pocos meses, Julio le ofreció ser su socio. "En tres meses el negocio creció y comenzamos a atender a más de 400 personas por día".
Sobre su forma de trabajar, Santillán aseguró que se basa en la experiencia laboral que fue adquiriendo y sobre todo en la atención, en la cercanía con el cliente y el compromiso.
Luego llegó la pandemia y tuvieron que remontar nuevamente el negocio, pero lejos de achicarse y fiel a su estilo de ir un paso más allá, el trabajador de Centenario propuso sumar a Donata una sede más que es la que actualmente está a su cargo en Maipú 301, Banfield.
"De quesería, fiambrería, pasamos a incluir vinoteca, agregamos platos básicos, fuimos armando una cocina porque ahora también somos casa de comida casera, luego pusimos café y mesas porque el cliente nos fue guiando y lo que más me gusta es escucharlos", apuntó sobre su presente y el lugar que se fue ganando gracias a su trabajo comprometido.
Quemar etapas para crecer en lo laboral
Hoy, Santillán está casado, tiene un hijo de 3 años y viendo su recorrido en el mundo laboral parece que ha quemado etapas. "Mientras mis amigos después de la escuela iban jugar a la pelota, yo me iba a trabajar a la almacén de barrio", expresó.
No terminó sus estudios secundarios, sólo concluyó el primario, pero se enorgullece de poder ayudar a su familia desde tan chico. "A mi me pagaban 30 y 20 le daba a mi mamá, pero con esos 10 que quedaban para mí era un montón y ahí comencé a sentir lo que es la independencia económica, desde que era apenas un nene", dijo, y agregó que lo mejor de su recorrido es que disfrutó cada trabajo que tuvo y aprovechó cada aprendizaje y oportunidad.
"Trabajé muchas horas, por mucho años, pero no me arrepiento porque eso me hizo conocer personas que me marcaron y a las que voy a estar siempre agradecido. No es lo mismo ser buen vendedor que asesor y yo siempre apunto a eso, a que el cliente confíe en el producto que le ofreces. Por eso, valoro mucho la gente que emprende porque se anima a salir de su zona de confort", concluyó convencido que con compromiso laboral y personas que valoran el trabajo, se generan muchos logros.