Vecina de Turdera y sin dudas protagonista silenciosa de una de las historias más tristes que le tocó vivir a Argentina. Graciela Virginia Bonilla (65) fue una de las aspirantes a enfermeras que asistió a soldados argentinos durante la Guerra de Malvinas. Su relato, atravesado por el dolor y la vocación de servicio, refleja el compromiso de quienes, lejos del frente, también lucharon por la vida y la patria.
De Turdera a Malvinas: la aspirante a enfermera que asistió a soldados en la guerra
La vecina de Turdera Virginia Bonilla aún convive con las huellas de Malvinas: “Luchamos para defender la vida de los soldados y curarles el alma”.
Virginia nació y se crió en el partido de Almirante Brown. Ya en 1980, en plena adolescencia, vio una propaganda en la televisión que, sin saberlo, le iba a cambiar la vida: la Armada Argentina incorporaba personal femenino a la fuerza para ser parte de la Escuela de Sanidad Naval de la Base Puerto Belgrano (ubicada en la ciudad de Punta Alta), por lo que decidió inscribirse y ser parte.
“A fin de ese año rendí el examen. De más de mil aspirantes, quedamos solamente ocho de Buenos Aires. Luego de pasar por un período selectivo preliminar, comencé la carrera en abril de 1981, la cual duraba tres años y te recibías como enfermera naval”, detalló.
En junio de 1981, Virginia juró a la bandera, sin imaginar que diez meses después comenzaría una guerra en la que tendría que defender a la patria con sus conocimientos en enfermería, asistiendo la salud de los soldados argentinos.
Vocación al servicio de la guerra de Malvinas
“Como aspirantes, nosotras vivíamos en la Base Puerto Belgrano y estábamos bajo orden militar. Al comenzar la guerra, en abril de 1982, prestábamos servicio a los heridos provenientes de las Islas Malvinas”, rememoró.
Para Virginia, el hundimiento del crucero ARA General Belgrano (el 2 de mayo de 1982) fue uno de los momentos de mayor complejidad en todo el conflicto bélico que duró 74 días. “Estábamos desbordados de trabajo. Había mucho llanto, dolor y sufrimiento, no solo físico sino también psíquico”, admitió, Bonilla, que en su labor vio distintos tipos de heridas e incluso observó “a muchos soldados como en otro mundo, afectados por lo que habían vivido en las Islas”, contó, con angustia.
Increíblemente, Virginia compartió toda la experiencia de la Guerra de Malvinas con su hermana menor llamada Aurora, quien también ingresó como aspirante de la Escuela de Sanidad Naval de la Base Puerto Belgrano en febrero de 1982.
“Que alguien falleciera era una tristeza enorme, sobre todo porque esa vida estaba en nuestras manos. También me movilizó mucho ver el estado en el que volvió quien era mi novio de ese entonces, un enfermero que estuvo en el crucero General Belgrano y que regresó con secuelas psicológicas y algunos problemas en sus extremidades producto del frío”, aseguró.
Días antes de culminar la guerra, Virginia dejó de prestar servicio y “lamentablemente nunca más pudo volver a trabajar en el área de salud”, pese a haberlo intentado por unos meses en la Clínica Espora. “Lo atribuyo a las secuelas que me quedaron por todo lo que viví durante la guerra, fue complejo reinsertarme en la sociedad”, aceptó, y aclaró que no culminó la carrera que empezó en la Armada Argentina.
Para Bonilla, tanto ella como todas las aspirantes a enfermeras que prestaron servicio en la Base Puerto Belgrano son heroínas porque “si bien no estuvimos en el frente de batalla con un arma, luchamos para defender la vida de los soldados y curarles el alma”.
Volver a empezar
Bonilla se mudó a Lomas de Zamora hace 38 años, precisamente en 1988. Allí vivió los primeros años en Temperley y luego se asentó definitivamente en Turdera, donde vive actualmente: “Pude formar mi familia. Me casé con Guillermo y con él tenemos dos hermosos hijos, Agustín y Mateo”.
Hoy Graciela cuida de un adulto con discapacidad, quien sufrió el fallecimiento de su madre hace dos años. También tiene un emprendimiento de plantas epifitas, donde cultiva orquídeas, helechos, bromelias y tillandsas. “Sigo cuidando vidas, solo que en este caso son vidas de vegetales”, reflexionó.
El pasado fin de semana, Virginia fue parte del evento “Mujeres en Comunidad en Turdera”, una jornada que buscó visibilizar el trabajo y el liderazgo de las vecinas. Allí se la homenajeó por su labor durante la guerra y hasta se expusieron algunos cuadros temáticos hechos por su hermana mayor, Margarita, quien es artista plástica.
“A los excombatientes y a los caídos los llevo en mi corazón, son parte de mi ser. Como enfermera de esa época me siento parte de la historia y sé que a la Guerra de Malvinas nunca la voy a poder olvidar: solo los que la vivimos de cerca sabemos lo doloroso que fue”, cerró.