La casa donde vivió Oscar Alende en Banfield no solo fue su hogar, sino también una expresión de su personalidad. Médico, político y un apasionado de la arquitectura, fue él mismo quien diseñó la vivienda ubicada en Maipú 295, casi esquina Belgrano, inspirándose en modelos europeos que adaptó a su propio estilo.
La icónica casa que diseñó Oscar Alende en Banfield y el legado que aún perdura
El médico y político ideó su propia vivienda en Banfield, donde combinó sus profesiones con su vida personal. Su nieta reconstruyó la intimidad de ese espacio.
María Silvina Alende, nieta de Oscar, dialogó con este medio y reconstruyó parte de la vida cotidiana que tenía su abuelo dentro de esa vivienda con un frente de mármol negro, donde combinó lo profesional, lo político y lo familiar.
Una verdadera reliquia arquitectónica en Banfield
En la planta baja funcionaban originalmente su consultorio y quirófano, que con el tiempo se transformaron en un espacio donde colocó su escritorio personal, rodeado de miles de libros. “Ese era su lugar más querido”, admitió María Silvina. Allí era donde Oscar leía diariamente todos los diarios, “subrayándolos con distintos colores según los temas”. Según su nieta, el escritorio de Oscar era “bellísimo” y tenía como pieza distintiva una estatua de bronce de Don Quijote de la Mancha.
En la planta baja funcionaban originalmente su consultorio y quirófano, que con el tiempo se transformaron en un espacio donde colocó su escritorio personal, rodeado de miles de libros.
Los pisos superiores también tenían una fuerte carga simbólica. Al primero se accedía por una escalera de mármol y allí se distribuían las habitaciones, una sala de costura, un zaguán con un antiguo musiquero y una habitación de servicio. Desde otra escalera se llegaba a una “pieza alta”, donde funcionaba una sala política. Ese segundo nivel era el lugar destinado a su trabajo como político.
“Desde el balcón del primer piso mi abuelo compartía las tardes con mi abuela, tomando un refresco o un café mientras veía pasar a los vecinos, quienes lo saludaban con gran cariño. Ese balcón también fue el punto de encuentro para celebraciones familiares, como los tradicionales carnavales de Banfield”, rememoró su nieta, con profunda nostalgia.
El paso de los años y decisiones familiares modificaron ese legado. La vivienda, que Alende había imaginado como futura biblioteca pública, no pudo cumplir ese destino debido a una venta. Tras la comercialización, la casona fue transformada por completo: se instalaron locales comerciales y se alteraron espacios originales. “Se destruyó un patrimonio histórico”, se lamentó María Silvina.
Si bien la casa de Oscar Alende ya no conserva su esencia original, sigue viva en la memoria de los vecinos de Lomas de Zamora que la conocieron. En cada recuerdo se puede sentir la presencia de un hombre que hizo de ese espacio mucho más que un hogar: un lugar de pensamiento, de trabajo y de encuentro con la comunidad.