Para el mundo del fútbol, Pablo Vico es un récord, una leyenda del ascenso y el hombre que vivió en una cancha durante más de dos décadas. Pero para el vecino de Adrogué y de toda la región, "Don Ramón" es mucho más que eso.
Pablo Vico, máximo ídolo de Brown de Adrogué, abrió su corazón sobre lo difícil que fue dejar el club. "Me agarró una depresión muy grande", reveló.
Para el mundo del fútbol, Pablo Vico es un récord, una leyenda del ascenso y el hombre que vivió en una cancha durante más de dos décadas. Pero para el vecino de Adrogué y de toda la región, "Don Ramón" es mucho más que eso.
Por eso, su reciente confesión sobre el calvario personal que vivió tras su salida de Brown de Adrogué impactó hondo en el sentimiento Tricolor.
A meses de aquel mayo de 2024 que marcó el fin de su ciclo de 15 años como DT (y 22 vinculado al club), el técnico más longevo del fútbol argentino rompió el silencio. En una charla íntima, Vico admitió que el desapego no fue solo profesional, sino una herida profunda en su salud mental.
"Me agarró una depresión muy grande, estuve muy enfermo", confesó Vico con la honestidad brutal que lo caracteriza. Para Don Ramón, dejar Brown de Adrogué no fue simplemente renunciar a un cargo; fue dejar su casa, literalmente, ya que vivió durante años en una habitación dentro del predio del club.
Ese desarraigo lo sumergió en un pozo del que le costó salir. El DT explicó que su salida fue un gesto de amor hacia la institución: "Decidí irme porque no quería hacerle daño a Brown", señaló en relación a la racha de resultados que lo llevó a dar un paso al costado, a pesar de que la dirigencia quería que se quedara. “Hasta volver a dirigir en Agropecuario la pasé muy mal”, reveló el entrenador nacido hace 70 años en Parque Patricios.
“Estuve 22 años en Brown de Adrogué. Había perdido 7 partidos, cosa que a mi no me pasó nunca en 570 partidos. Dije: Hasta acá llegué. Me acuerdo que el presidente no quería saber nada, habíamos perdido 4 a 1 con Colón en Adrogué y hubo gente que me puteó. Yo los miraba y decía que si me puteaban a mi después de todo lo que le dí al club, entonces me calenté y me fui”, aseguró Pablo Vico en el programa Directo al Hueso de Picado TV.
Además, agregó: “A la semana siguiente jugamos contra Estudiantes de Río Cuarto en Córdoba. Me dieron una plaqueta en la mitad de la cancha, una camiseta con la número 9 y el nombre mio, una cosa de locos. El presidente intentó ante 15 periodistas convencerme para que me quede, pero yo le dije que no. Que busque otro entrenador y capaz le encontraba la vuelta. Sentía que no era el momento para seguir y quizás en un futuro poder volver”.
No es la primera vez que la vida golpea fuerte al "Bigotón". Cabe recordar que en 2015 sufrió un infarto tras la trágica muerte de su hijo, otro episodio de depresión que marcó su vida. Esta vez, según sus propias palabras, la clave para empezar a sanar fue la religión y la oración diaria.
Hoy, con la mirada más clara y el corazón en proceso de reconstrucción, Vico asegura estar listo para un nuevo desafío. Aunque su nombre quedó grabado a fuego en las paredes del Lorenzo Arandilla, el técnico manifestó sus ganas de volver al ruedo: "Tengo fuerzas para dirigir, el fútbol es mi vida".
Mientras tanto, en Adrogué, el hincha sigue esperando el momento de volver a cruzárselo para darle ese abrazo que, hoy más que nunca, Pablo parece necesitar. Porque se puede salir del club, pero el club —y su gente— nunca salen de uno.