Gabriel Quiña convirtió su pasión por los pianos en un oficio que lo llevó a especializarse en afinación, regulación y restauración, y a formarse en dos escenarios: Japón y Viena. Desde su taller en Banfield, continúa perfeccionando su profesión.
De Banfield a Yamaha: Gabriel Quiña, el primer argentino en obtener la certificación de la marca
Gabriel Quiña es de Banfield y se convirtió en el primer argentino en realizar la certificación en Yamaha.
"El trabajo como afinador es un proceso de especialización y actualización constante", explicó Gabriel en diálogo con La Unión. Con el paso de los años fue encontrando distintos caminos dentro de una actividad tan amplia: pianos antiguos y modernos, trabajos de taller, afinaciones a domicilio y, especialmente en el último tiempo, trabajos de regulación.
La regulación es una de las tareas más delicadas dentro del mantenimiento de un piano, implica trabajar sobre el mecanismo que conecta las teclas con los martillos que finalmente golpean las cuerdas, buscando que cada movimiento tenga la mayor precisión posible. "El objetivo, de la mano de una buena afinación, es exprimir al máximo el potencial sonoro del instrumento", señaló.
Una profesión que creció con los años
Actualmente, la actividad profesional de Quiña se reparte entre distintos frentes, realiza afinaciones a domicilio en Buenos Aires y alrededores, trabajos de regulación y restauración, y mantiene una agenda de viajes a distintas ciudades del país donde cuenta con clientes regulares, Resistencia, Corrientes, Mar del Plata, Paraná, General Pico y Córdoba forman parte de ese recorrido. Al mismo tiempo, en su taller de Banfield procura tener algunos pianos a la venta, tanto verticales como de cola, entre instrumentos nuevos y otros restaurados.
La transmisión de conocimientos también continúa siendo parte de su actividad, eventualmente brinda clases a otros colegas sobre temas específicos del oficio, una línea de trabajo que mantiene el espíritu de aquellas charlas que comenzó a ofrecer años atrás para acercar al público al funcionamiento del instrumento.
En sus comienzos, Gabriel había tenido que recurrir a materiales en distintos idiomas, contactar profesionales del exterior y construir buena parte de su formación por sus propios medios. Con los años, esa búsqueda de conocimiento lo llevó a espacios de formación especializados que antes parecían muy lejanos.
Un mes en la academia de Yamaha
Uno de los momentos más importantes de su recorrido reciente fue la certificación realizada en Japón en la Yamaha Piano Technical Academy, la experiencia implicó un mes completo de formación intensiva: ocho horas diarias, cinco días por semana, junto a instructores especializados y colegas provenientes de distintos lugares del mundo. Para llegar hasta allí tuvo que esperar varios años por una vacante, el viaje también tuvo su propia cuota de esfuerzo: más de 30 horas de vuelo hasta Tokio, seguido de un viaje en tren bala hasta Kakegawa, donde se encuentra la academia.
"La experiencia en sí misma fue el fruto de un compromiso con el oficio sostenido a lo largo de los años", contó Gabriel, quien destaca también el esfuerzo de su compañera y sus hijas durante ese período, cuando la diferencia horaria reducía al mínimo los momentos de comunicación familiar. La rigurosidad de la formación le permitió ordenar conocimientos que había ido incorporando progresivamente durante años de práctica. La repetición de los procesos de afinación y regulación durante semanas, además, le permitió ganar precisión, solvencia y eficacia.
La capacitación incluyó también una visita a la fábrica de pianos de Yamaha y al Museo de Instrumentos Musicales de Hamamatsu, que reúne una importante colección de instrumentos, pero hubo otro aspecto que Gabriel considera especialmente valioso: el intercambio con técnicos de distintas partes del mundo como Francia, Rusia, Australia y Malasia fueron algunos de los países representados entre sus compañeros.
"Hoy en día puedo evacuar dudas o compartir experiencias profesionales" con esos colegas, explicó. Al finalizar el curso, rindió los cuatro exámenes correspondientes y obtuvo muy buenas calificaciones. "Felizmente di los cuatro exámenes correspondientes a mi curso con muy buenas calificaciones. Soy el primer argentino que realiza la certificación en Yamaha, y eso es una satisfacción especial, además de una gran responsabilidad", expresó.
De Japón a Viena
La formación internacional continuó en Europa. Gabriel pasó dos semanas trabajando y capacitándose en la fábrica de Bösendorfer, en Viena, una marca histórica de pianos cuya identidad sonora se encuentra estrechamente vinculada con la tradición musical europea.
"Sus procesos de fabricación conservan un componente artesanal que reside en el savoir-faire de cada uno de los técnicos que trabajan allí", describió. Su trabajo se desarrolló en el sector encargado de los ajustes finales de calibración y sonido, no se trata simplemente de aplicar un procedimiento mecánico: el técnico debe interpretar qué necesita cada instrumento para desarrollar todo su potencial y conseguir el sonido característico de un Bösendorfer.
La experiencia también le permitió contrastar dos maneras de entender el oficio. Si en Japón encontró una metodología marcada por la precisión y la sistematización, en Viena se encontró con el peso de una tradición artesanal que atraviesa generaciones. "Uno tiene la sensación de que algunas partes del proceso de fabricación son muy similares a los inicios, hace más de doscientos años", contó.
Fuera de la fábrica, la propia ciudad terminó formando parte de la experiencia. Caminar por Viena significó hacerlo por los mismos espacios donde vivieron y trabajaron figuras fundamentales de la historia de la música, como Beethoven, Mozart, Liszt, Schubert, Brahms y Mahler. Para Gabriel, ese contacto produjo algo más que un recuerdo de viaje: una nueva perspectiva sobre la tradición, la pertenencia y aquello que existe de universal y particular en la música.
El misterio sigue intacto
A pesar de los años de experiencia, las capacitaciones internacionales y la cantidad de pianos que pasaron por sus manos, hay algo que no cambió desde aquellos primeros años: la fascinación por el instrumento. "Hay un atractivo inagotable en torno al piano, y es la relación del músico con su instrumento", sostuvo, esa relación puede tener décadas de historia e incluso atravesar generaciones dentro de una familia, o puede comenzar el día en que alguien se sienta por primera vez frente a un piano.
En ese vínculo, Gabriel encuentra uno de los aspectos más interesantes de su profesión. El técnico no solamente repara, regula o afina: muchas veces también ayuda a encontrar un instrumento que pueda responder a las necesidades particulares de un músico, “en este caso, el técnico oficia de ‘celestino’, procurando el piano indicado para tal pianista, lo que éste quiere o necesita, aunque a veces cueste ponerlo en palabras”, explicó.
Hace poco, un cliente le dejó una frase que sintetiza, de alguna manera, esa búsqueda: "buscar el instrumento ideal es como buscar el amor de tu vida", narró. Gabriel la retoma y la lleva un poco más lejos. "Puede ser una meta ideal o varias metas a lo largo de una vida, pero, en cualquier caso, se trata de una búsqueda comprometida y para nada sencilla", profundizó.