La historia comenzó de una manera mucho más modesta. “Arrancó hace más de 50 años, en la casa de mi papá, donde está ubicado hoy. Todo muy precario, como era en ese tiempo”, cuenta Cintia. Su abuelo ya estaba vinculado al rubro de los materiales y, con esfuerzo y trabajo, la familia pudo comprar la propiedad lindera. Así comenzó a tomar forma el corralón que todavía funciona en el mismo lugar.
“Al principio era como un juego, después lo vieron como una herramienta de trabajo. Y hasta el día de hoy seguimos acá”, resume.
De preguntar por él a preguntar por ella en el corralón
Con el paso de los años también cambió la persona que representa al negocio frente a los clientes. Cintia tomó la posta y tuvo que atravesar una situación bastante habitual en un rubro históricamente asociado a los hombres.
“Al principio, cuando no me conocían, todos querían hablar con Oscar. Entraban y decían: ‘¿Está Oscar? ¿Dónde está Oscar?’”, recuerda.
Ella intentaba atenderlos y ofrecerles una solución, pero muchas veces la respuesta era la misma: “No, no, que venga Oscar”.
Con el tiempo, la situación cambió. “Se fueron acostumbrando a que la cara visible soy yo. Oscar está, si querés hablar con él te lo llamo, pero la que está acá todos los días soy yo”, explica.
Para Cintia, esa presencia femenina también genera otra relación con algunos clientes. “Este es un rubro totalmente machista y encontrar una cara femenina, una cara amiga, te da más comodidad”, sostiene.
Y lo plantea desde su propia experiencia como clienta: “Si voy a un lugar y me atiende una mujer me siento más cómoda”. Según cuenta, también nota que con algunos hombres la relación necesita un tiempo de adaptación. “Al principio le cuesta, pero después se da cuenta que soy copada y entramos en confianza”.
Una construcción que cambió
El corralón también funciona como una pequeña ventana para observar qué sucede con la construcción en los barrios de Lomas.
Cintia describe el escenario actual como “desequilibrado”. Las grandes obras desde cero ya no son habituales en Villa Galicia, un barrio que, cuando su familia comenzó con el negocio, todavía estaba en pleno crecimiento.
“Cuando arrancó mi papá era el auge porque el barrio se estaba haciendo”, recuerda.
Ahora el movimiento está más vinculado a las reformas: una habitación nueva, una ampliación, un espacio que necesita ser acondicionado. “Hay días que trabajás bien y después te vienen tres, cuatro días que se frena totalmente”, describe.
Ese cambio también se refleja en la manera de comprar. Los vecinos buscan llevar exactamente lo que necesitan y evitar cualquier sobrante.
“Todo suelto. Muy chiquito. No quieren que les sobre nada, ni un granito de arena”, cuenta entre risas. “Prefieren llevarse todo en bolsitas más chiquitas, pero que no les sobre. Hoy lo que más sale son las cantidades pequeñas.”
Sobre el trabajo en el corralón de Lomas en tiempos de crisis: "Prefieren llevarse todo en bolsitas más chiquitas, pero que no les sobre".
En ese contexto, el precio de los materiales se convirtió en una preocupación central para quienes intentan avanzar con una obra o una reforma.
Según Cintia, el cemento es actualmente uno de los productos que más impacta en el bolsillo. Y menciona un cambio reciente que sorprendió a los clientes: las bolsas pasaron de 50 a 25 kilos.
“Todo el mundo pensó que iban a dividir el precio a la mitad. Y no. La bolsa siguió saliendo lo mismo, nada más que ahora te llevás 25 kilos en vez de 50”, afirma.
Los aumentos, explica, tampoco desaparecieron. “No sube todas las semanas, pero tampoco se estabilizó. Ahora los aumentos son todos los meses, entre un 3% y un 5% fijo. Todos los meses aumenta.”
Por eso, para quienes llegan al corralón con la intención de construir o reformar, la atención personalizada se volvió parte del servicio.
“Quiero el material a tal hora porque el albañil viene a tal hora”, ejemplifica Cintia. “Y lo coordinamos.”
También destaca la posibilidad de conversar cada situación particular cuando aparecen dificultades para pagar. “Si tienen problemas con los pagos, si hay voluntad de pagar, se busca una solución”, explica.
Medio siglo después de aquel comienzo en una casa familiar, el Corralón Mettini continúa en el mismo barrio. Cambiaron los materiales, los precios, las formas de comprar y también la persona que está detrás del mostrador. Pero hay algo que permanece: el vínculo cotidiano con los vecinos que llegan con una obra grande, una pequeña reforma o simplemente la necesidad de llevarse “lo justo” para seguir construyendo.