5Un apellido, una esquina y una historia de cuchilleros: así se cruzan Jorge Luis Borges y Lomas de Zamora. Lo que sigue no es sólo una anécdota literaria, sino un recorrido por personajes de barrio que, de algún modo, terminaron filtrándose en la imaginación del autor.
El apellido que une la historia de Lomas de Zamora con el universo de Jorge Luis Borges
Un recorrido por personajes de barrio de Lomas de Zamora: los Iberra, la familia de malevos que inspiró a Jorge Luis Borges que terminaron filtrándose en su imaginación.
Hay que retroceder hasta fines del siglo XIX. En Temperley, sobre el viejo Camino Real -la actual avenida Hipólito Yrigoyen-, Evaristo Ramos se ocupaba de cobrar peaje a las carretas que circulaban por la zona. En su chacra nació Eustaquio Iberra, descendiente de una familia tradicional lomense.
Con el tiempo, Eustaquio se casó con Isabel Ramos, hija de aquel recaudador, y formaron una familia numerosa: seis hijos -María Mercedes, Margarita, Francisco, Inocencio, Calixto y otro Eustaquio- que prolongaron el apellido en la zona. Pero el nombre que más resonaba en el pago era otro: Roberto Iberra, apodado el Ñato.
La visita de Jorge Luis Borges a Lomas de Zamora
Dueño de un horno de ladrillos y de tierras heredadas, su fama creció en la década del veinte. En Lomas, su figura se asociaba a la dureza y al coraje, rasgos que alimentaban el imaginario de guapos y orilleros tan caros a la literatura de Borges. Esos relatos llegaron a oídos del escritor.
Durante una visita a la Municipalidad de Lomas, Borges pidió conocer a Eustaquio. El encuentro se dio en la casona de la esquina rosada de Sáenz y Azara. Allí, el autor recorrió con paso lento la galería, apoyó la mano sobre los muros antiguos y observó detalles de la construcción.
“Tiene rejas y arcos y carece de ochava”, comentó, curioso por la antigüedad de la vivienda. Luego se sentó a escuchar, con atención, las historias del Ñato. Con el tiempo, muchos interpretaron que de esa charla surgió una huella en su obra. En su poema El Tango, Borges escribe sobre un Iberra marcado por la fatalidad, capaz de matar a su propio hermano para saldar cuentas de sangre.
La realidad del Ñato
La coincidencia no pasó inadvertida. Sin embargo, la realidad del Ñato parece haber sido menos extrema. Nunca mató a nadie. Sí fue un hombre de carácter fuerte, habituado a los conflictos: se lo veía irrumpir en oficinas municipales, rebenque en mano, reclamando por lo que consideraba justo. También protagonizó un tiroteo con la policía y terminó detenido junto a su compañera.
Durante el traslado en tren hacia La Plata, aprovecharon una curva en Quilmes para pedir ir al baño, arrojarse por la ventanilla y escapar, donde los aguardaban dos cómplices a caballo. Entre mito y verdad, la historia persiste. Y en ese cruce entre literatura y memoria barrial, el apellido Iberra quedó, para siempre, ligado a una de las plumas más grandes de la Argentina. ¡Hasta la semana que viene, amigos!