POR Martín Spagnuolo
A pedir de los cinco grandes
pueden tener un banco digno de presentar (aunque generalmente tienen a juveniles sin experiencia ni roce en Primera División). Esta situación incluso se da cuando están endeudados, como Independiente y River, que incorporan futbolistas cuando empiezan a salir de los problemas financieros, mientras que clubes como Temperley y Atlético Rafaela, completamente saneados, mantienen sus números organizados y pelean por el descenso. En estos casos, un torneo corto
favorecería la competitividad porque, de otra manera, los grandes terminan contando con mayor recambio ante lesiones y sanciones lógicas después de tantas fechas de competencia. A estas cuestiones se suma un mayor peso en la AFA. Guste o no, los clubes grandes influyen en la toma de decisiones. Ya sea para cambiar a un árbitro porque no les gusta, presionar para jugar con su público ante un club chico desesperado por hacer la diferencia económica, o cambiar fechas a gusto para que sus jugadores siempre estén “frescos”. Y como si esto fuera poco, se suma el peso específico que tienen las camisetas de los cinco poderosos ante los ojos de un árbitro. Vale recordar la triste final de la Copa Argentina entre Boca y Rosario Central, y los polémicos goles anulados a Tigre sobre River y a Banfield sobre Boca. La idea no es que dejen de ganar los grandes. Por el contrario, el objetivo es que haya igualdad y un fútbol más entretenido.