Quién no pasó alguna vez por el puesto de flores de Boedo y Acevedo. Pero pocos saben la historia que tiene detrás; es más que un negocio, es amor por el oficio, un legado familiar que atraviesa tres generaciones. A cargo de Darbón Tienda de Flores, ahora está Graciela Susana Darbón, a quien le apasionan las flores, una herencia de su papá.
Heredó de su papá el amor por las flores y hoy sigue su legado en una esquina histórica de Lomas
Graciela se define "florista por herencia". La tienda de Lomas de Zamora tiene más de 80 años. La fundó su abuelo, estuvo su padre y la heredó ella.
En el Día del Padre, Graciela recuerda al suyo y le atribuye el legado: en sus redes sociales se presenta como "florista por herencia". Cerca del Colegio Inmaculada Concepción de Lomas de Zamora, todo comenzó en 1942, cuando el abuelo de Graciela instaló un pequeño puesto de flores sobre Boedo. “El puesto no tenía nombre en esa época, solo era ‘de los Darbón’”, recordó. Décadas después, el apellido continúa identificando al lugar, que hoy lleva el nombre de Darbón Tienda de Flores para mantener vivo el origen de una historia construida con trabajo y afecto.
Los comienzos de la florería que tiene tres generaciones
Los primeros años fueron en la vereda de enfrente, en la puerta de la antigua zapatillería Orsini. Con el tiempo, el puesto se trasladó frente a la Inmaculada, una esquina: “No sé bien por qué fue el cambio, pero esa esquina se volvió nuestra casa”, admitió.
El legado familiar de la florería ubicada en Boedo y Alem, en Lomas de Zamora
Desde ese momento quien tomó la posta del negocio fue su papá, que estuvo hasta 2015, y desde entonces, una nueva generación sostiene el legado. Aunque de chica no trabajaba de manera cotidiana en el negocio porque se casó muy joven, con el paso del tiempo comenzó a acompañarlo en momentos puntuales. “Yo lo ayudaba esporádicamente. Después, cuando fui más grande, lo ayudaba, pero no le gustaba que lo ayudaran, no le gustaba que le tocaran las flores”, recordó.
Aunque los tiempos cambiaron y hoy los clientes compran desde flores frescas hasta arreglos secos, preservados o plantas para regalar hay algo que sigue intacto: "La esencia, la atención, la educación y la buena energía. Eso no cambió desde mi abuelo hasta hoy".
Esa permanencia también se refleja en quienes eligen el local desde hace décadas: “Vienen abuelos que antes traían a sus hijos y ahora traen a los nietos. Me cuentan historias hermosas. Esas generaciones que pasan por el puesto me llenan el alma”, relató. Incluso hay familias enteras que son clientes: "Todos pasaron por Darbón".
Consultada sobre el recuerdo más emotivo vinculado al negocio, no menciona un arreglo floral ni un pedido especial. Habla, en cambio, de una historia que la conmovió profundamente. “Vino una alumna, Alejandra, del colegio Inmaculada. Hizo un trabajo para la facultad con una nota y fotos de mi papá en el puestito. Vino a contarnos la historia. Eso me quedó grabado para siempre", contó.
El valor en otro Día del Padre
Graciela es ejemplo de que aprendió observando desde chica a su papá y su homenaje es continuar con el oficio: el amor por las flores, el cuidado en cada detalle y la dedicación. “Todo lo que hago, lo hago con amor a la gente que pasa por mi tienda. Gracias a mi papá por darme la fuerza, a mi familia, a mi compañero de vida por el apoyo y a mis hijas, que me ayudan con las redes y siempre me dicen: ‘Qué cosas hermosas hacés’”.