Con apenas 22 años, Rafael Ignacio Costa tiene muy en claro lo que quiere para crecer en su profesión. Es kinesiólogo y decidió armar su local en la casa de su mamá en Turdera para no irse del barrio que lo vio crecer, a pesar de que tuvo ofertas para trabajar en el centro de Lomas.
El joven de Turdera que apuesta al crecimiento de su barrio y de su emprendimiento
Rafael Ignacio Costa es kinesiólogo y a pesar de tener ofertas para poner su estudio en Lomas quiso apostar a seguir en Turdera, donde están sus raíces.
El arraigo y su lugar de pertenencia es un valor que no está dispuesto a soltar y sobre ese compromiso que siente por su lugar de origen, el joven kinesiólogo, expresó: "Soy un turderense de sangre. Viví toda mi vida entre estas vías de tren, hice jardín, primaria y secundaria en el Pallotti y en mis tiempos libre me encerraba en el gimnasio de Alumni".
Cuando comenzó a pensar en su primer emprendimiento de terapia manual (masajes) tuvo la posibilidad de abrir su espacio en Lomas con una clara mejor llegada de pacientes por la zona céntrica, pero él insistió en quedarse en Turdera. "Le pedí por favor a mi vieja que me cediera un lugarcito para armar ahí el consultorio teniendo en cuenta y siendo consciente que la llegada de pacientes y el boca en boca iba a demorar mucho más el crecimiento del proyecto", contó.
Su mamá accedió y poco a poco fue armando su lugar en el barrio. Con esfuerzo, pero con el compromiso intacto de seguir en su lugar de pertenencia siguió adelante. "Quería devolver a mi amada Turdera -aunque sea mínimo- algo de todo lo que me dio en mi infancia y adolescencia. Siempre supe que era poco, pero sigo confiando en que mi granito de arena con el tiempo va a ser importante", aseguró el joven profesional.
Atraer pacientes de distintas localidades a Turdera
Aquella decisión de quedarse en el barrio obtuvo sus frutos, según contó Rafael: "Conseguí que la gente de Adrogué, Lomas o Monte Grande entre a Turdera y que se den cuenta que existe este pueblo hermoso perdido entre ciudades".
Sobre sus pacientes contó que muchos se sorprenden: "No hay nada más gratificante que escuchar cuando me dicen: 'Che, qué lindo barrio éste, no lo conocía' y esas palabras son las que al final del día me llenan y me demuestra que la elección de ejercer mi profesión en Turdera fue la correcta", recalcó convencido.
Sobre su trabajo que está en pleno crecimiento aseguró: "Me encanta estar una hora con mi paciente, haciendo preguntas para descubrir el por qué llego a mi espacio, de dónde viene su dolor/molestia, para así tratar de eliminarla, razonando la solución más eficaz y eficiente, pudiéndolos llevar a un estado de relajación que es lo más complicado de llegar en nuestra vida diaria".
Sobre su futuro dijo con seguridad: "Mi sueño que no está tan lejano. Mi mejor amigo estudia la misma carrera que yo, también es de mi barrio y la idea de ambos es abrir el primer consultorio de kinesiología en Turdera", destacó, y agregó: "Lo mejor es que estoy seguro que lo vamos a conseguir".