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4 de septiembre de 2026
Día del Inmigrante.

Escuelas de Lomas con acento europeo: el legado de los inmigrantes

El Barker y el Euskal Echea nacieron vinculados a dos colectividades que llegaron a Lomas entre fines del siglo XIX e inicios del XX y trajeron sus escuelas.

Cada 4 de septiembre, el Día del Inmigrante invita a mirar la historia de quienes llegaron al país desde distintos lugares del mundo y, con sus valijas, trajeron instituciones, clubes y escuelas, además de idiomas, costumbres, formas de organizarse. En Lomas de Zamora, parte de esa historia puede recorrerse a través de dos instituciones educativas emblemáticas: el Colegio Barker, ligado a la comunidad británica, y Euskal Echea, uno de los grandes legados de la colectividad vasca en la región.

Son historias diferentes, pero tienen un punto en común: comunidades que llegaron buscando oportunidades, escapando de conflictos o buscando un futuro para sus familias y que terminaron dejando una marca profunda en la identidad lomense.

Escuelas de ingleses en Lomas

El Colegio Barker tiene sus raíces en la llegada de familias británicas que se instalaron en la zona, muchas de ellas vinculadas al desarrollo del ferrocarril.

El 21 de agosto de 1897, la institución se trasladó a su edificio de la calle Gorriti y se convirtió en una referencia de la educación bilingüe en Lomas.

Durante sus primeros años, buena parte de los docentes provenía de Inglaterra y muchos de los estudiantes eran hijos de familias británicas.

La presencia británica en la zona no fue casual. El crecimiento ferroviario había generado una importante llegada de trabajadores y familias provenientes de Gran Bretaña. Para muchas de ellas, contar con una institución donde sus hijos pudieran conservar el idioma y las tradiciones de origen era una necesidad.

“Muchas de esas familias se establecieron en Lomas ya que no querían estar en el Centro por las epidemias”, recuerda Christine Dodds, exalumna y exmaestra del colegio.

Durante sus primeros años, buena parte de los docentes provenía de Inglaterra y muchos de los estudiantes eran hijos de familias británicas. Sin embargo, la institución también fue ampliando sus puertas a la comunidad local.

“Fue inclusivo”, señala Dodds, al recordar cómo el colegio también recibió a familias criollas que buscaban una formación de calidad.

Las dos Guerras Mundiales también atravesaron su historia. En 1914 y 1939 aumentó la cantidad de alumnos, ya que muchas familias decidieron que sus hijos permanecieran en Argentina y no viajaran a Europa para estudiar.

La solidaridad también encontró su lugar en las aulas: durante esos períodos se organizaron grupos destinados a reunir y enviar ayuda a los soldados británicos.

Más de un siglo después, aquella identidad continúa presente, aunque adaptada a una comunidad mucho más diversa. El dominio del castellano y el inglés, la importancia de la lectura y la expresión oral y una fuerte tradición deportiva forman parte de su propuesta.

El hockey, el rugby y las competencias entre Houses —grupos en los que los estudiantes participan en actividades académicas, deportivas y solidarias— mantienen viva una tradición que combina educación, comunidad y pertenencia.

Euskal Echea: una parte del País Vasco en Llavallol

A pocos kilómetros, en Llavallol, otra colectividad construía su propio proyecto educativo. La inmigración vasca había comenzado a crecer con fuerza en la Argentina hacia fines del siglo XIX. Guipuzcoanos, vizcaínos, alaveses y navarros se organizaron para mantener sus vínculos, sus tradiciones y su identidad lejos de Euskal Herria.

Entre esas iniciativas surgieron instituciones y asociaciones que buscaban preservar la cultura vasca. Una de ellas fue Euskal Echea, cuyo proyecto comenzó a tomar forma a comienzos del siglo XX.

La inmigración vasca había comenzado a crecer con fuerza en la Argentina hacia fines del siglo XIX.

En 1905 se colocó la piedra fundamental sobre un terreno de 20 hectáreas perteneciente a la estancia de la familia Enz, en Llavallol. El proyecto no se limitaba a la educación: también contemplaba la creación de un Hogar de Ancianos.

La construcción fue posible gracias al impulso de la propia colectividad y al aporte de numerosos donantes. Entre ellos estuvo Martín de Errecaborde, quien financió los dos primeros pabellones y pidió expresamente que su nombre no fuera utilizado para identificarlos.

Después de su muerte, en 1917, sus compañeros le rindieron homenaje con una placa escrita en euskera cuya frase resume el espíritu con el que fue concebido el proyecto: “Se destruirá este bronce y tú seguirás por siempre en el alma de Euskal Echea”.

Más de un siglo después, Euskal Echea continúa siendo una referencia de la presencia vasca en Lomas de Zamora.

Pero su legado excede las aulas. Allí también sobreviven la música, las danzas, la gastronomía, las celebraciones y distintas expresiones de una cultura que logró mantenerse viva a través de las generaciones.

Allí sobreviven la música, las danzas, la gastronomía, las celebraciones y distintas expresiones de una cultura que logró mantenerse viva a través de las generaciones.

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