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14 de octubre de 2026
Dolor.

El gimnasio de Temperley, entre carteles, una rosa roja y recuerdos: "Gracias por ser la Locomotora Castro"

En el gimnasio de Temperley, donde Roña Castro impulsó un proyecto deportivo y comunitario, vecinos recordaron su generosidad, consejos y ayuda.

Un cartel escrito en cursiva recibe a quienes llegan al gimnasio de Jorge "Locomotora" Castro, en la esquina de Caaguazú y Eva Perón. "Gracias por tu trabajo, por tu ayuda y gracias por ser la Locomotora Castro. La gente de Temperley no te olvida", dice el mensaje dedicado al exboxeador.

Debajo, otro expresa: "Querido Roña Castro, el boxeador de los humildes y el mejor del mundo", junto a una rosa. Hoy, adornan el frente del gimnasio, que durante años combinó la práctica del boxeo con la asistencia social, la muerte de Locomotora dejó tristeza entre quienes lo conocieron y fueron testigos de su trabajo. Más allá de su trayectoria deportiva, en el barrio lo recuerdan por su cercanía, consejos y solidaridad.

Jorge "Roña" Castro falleció este miércoles a los 59 años. Su carrera lo llevó a consagrarse campeón mundial de boxeo, pero otra parte de su historia se construyó lejos de los rings: en los comedores, los merenderos y las iniciativas solidarias que impulsó en el sur del Conurbano.

Los consejos que también formaron boxeadores

Dante tiene 20 años y conoció a Castro cuando entrenaba en el gimnasio, a los 16. De aquella etapa conserva una relación marcada por las conversaciones, los retos y las enseñanzas que el exboxeador le transmitía. "Él a mí me formó. Yo entrenaba acá, venía, me hablaba, me retaba y me decía: 'El Roña Castro hay uno solo'", recordó. La frase se repetía cuando Dante no cumplía con las exigencias del entrenamiento, lo alentaba a esforzarse y a comprender que el camino en el boxeo requería disciplina y perseverancia.

El joven también conserva una anécdota de una jornada en la que debía pelear después de haber pasado la noche de fiesta. Castro lo encontró y volvió a llamarle la atención: "¿Vas a pelear? Bueno, mirá que Roña Castro hay uno solo". "Me decía que entrenara a full, que no bajara los brazos y que le mandara para adelante en el boxeo, que iba a llegar lejos", relató.

Además de destacar su papel como entrenador, lo recordó como un buena persona, siempre dispuesta a conversar y ayudar: "Lo vamos a recordar siempre de la mejor manera. Es una leyenda".

Entregaba mercadería en el gimnasio.

"No hacía distinción de personas y le daba a todo el mundo"

Luciano, uno de los vecino y trabajador del gimnasio, describió el impacto que le produjo la noticia y destacó la generosidad: "Me tocó el corazón. Es increíble, no lo podemos creer. Un grande del boxeo, un tipo macanudísimo". Aunque aclaró que no permanecía de manera constante en el gimnasio, recordó que solía acercarse cuando se entregaba mercadería. "Buscaba por todos lados cosas para darle a la gente. Lo que le daban, se lo daba a la gente que necesitaba", sostuvo.

Por su lado, Silvia vive a seis cuadras del gimnasio y suele pasar por la zona. Aunque nunca se acercó a pedir ayuda, conocía el movimiento que generaba la entrega de mercadería y la cantidad de personas que concurrían. "Esto estaba lleno de gente siempre esperando, con bastón, sin bastón, gente joven. Él no se fijaba a quién daba, no hacía distinción de personas y le daba a todo el mundo", relató.

La vecina contó que tenía previsto acercar jarras y vasos para colaborar. La muerte de Castro le generó tristeza, pero también indignación por lo que consideró una falta de reconocimiento hacia la tarea solidaria que había realizado: "Esto tendría que estar lleno de gente agradecida, hacerse presente, dar unas palabras de aliento a la familia, en honor a él, porque fue una buena persona, fue un ejemplo para la juventud. Él, sin tener obligación, ayudaba a todo el mundo".

Una huella que permanece en Temperley

En Temperley el nombre de Jorge "Roña" Castro quedó asociado a dos facetas que convivieron a lo largo de su vida: la del boxeador que alcanzó la cima en su disciplina y la del hombre que destinó parte de sus esfuerzos a acompañar a personas en situaciones difíciles. Para Luciano, fue un hombre generoso. Para Dante, un referente que lo alentó a entrenar y a no rendirse. Para Silvia, alguien que ayudó sin preguntar a quién ni hacer diferencias.

En ese rincón de Temperley, permanecerán las enseñanzas que transmitió a los jóvenes, los alimentos que llegaron a diferentes casas de familia y la historia de un gimnasio que, durante la pandemia, abrió sus puertas para ayudar. "La gente de Temperley no te olvida", sintetiza un cartel que es parte de una despedida atravesada por la tristeza y el agradecimiento.

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