Turdera tendrá hoy un nuevo encuentro milonguero, donde los vecinos van a poder aprovechar el espacio que ofrece la Plaza San Martín para aprender a bailar tango, además de compartir entre todos una tarde llena de encuentro y de vibra milonguera.
Los vecinos de Turdera y de todo Lomas se reúnen en una milonga que tiene como fin mantener vivos los géneros nacionales. La entrada es abierta y a la gorra.
Turdera tendrá hoy un nuevo encuentro milonguero, donde los vecinos van a poder aprovechar el espacio que ofrece la Plaza San Martín para aprender a bailar tango, además de compartir entre todos una tarde llena de encuentro y de vibra milonguera.
De la mano de los profesores Martín Risoli y Silvia Barba, el encuentro milonguero se hará, como todos los sábados, en el espacio público situado en la intersección de Zapiola y Suipacha. El evento cultural comenzará a las 18, con entrada libre y a la gorra.
“Convocamos a los vecinos de Turdera y todo Lomas para bailar especialmente tango, pero también otros ritmos como folklore, rock, cumbia, cuarteto o paso doble. Queremos transformar a la Plaza San Martín en un espacio de encuentro, donde los géneros nacionales brillen más que nunca”, indicó Risoli, que cuenta con una trayectoria de más de cuatro décadas como profesor de tango.
Una vez concluida la jornada, tanto Risoli como Barba pasarán la gorra para que los vecinos que lo deseen puedan colaborar con el proyecto. Estos encuentros milongueros, además, suelen recibir a distintos artistas locales que aprovechan el espacio para dar a conocer sus habilidades ligadas a la música y al baile.
“No hay límite de edad ni un requerimiento en cuanto a la experiencia. Cualquier persona que sepa o no bailar tango puede acercarse, eso no es un impedimento”, aclaró Martín, que rápidamente adelantó que el encuentro milonguero en Turdera no se detiene y estará disponible todos los sábados de enero y febrero, sin interrumpir la actividad durante el verano.
Los vecinos de Lomas y alrededores que deseen participar de la jornada simplemente deben acercarse a la hora estipulada, con ganas de bailar y compartir una tarde diferente. La milonga, así, vuelve a convertirse en un punto de unión para la comunidad.