Un texto del reconocido escritor lomense, Roberto Vicchio emocionó hasta a los que no conocían al canillita del barrio Villa Galicia que falleció hace apenas unos días y estalló en las redes por la cantidad de mensajes amorosos de los vecinos que conocieron al señor Alberto Lobero, apodado popularmente como "El Cabezón".
Lobero tuvo su puesto de diario por más de 60 años entre las calles Zeballos e Iriarte. Era ese punto de encuentro para tantos vecinos que no sólo iban a comprar también se quedaban a charlar con el canillita que, según contó Vicchio era dueño de un carisma único: "Todos lo querían porque era divertido, siempre de buen humor y con mucha actitud".
Desde muy chico Lobero trabajó en comercio, primero en un kiosko chico junto a la familia hasta que logró tener el puesto unos metros de ese primer local. "El puesto tradicional de diarios y revistas con el correr del tiempo se convirtió en un polirrubro, juguetería y regalería, pero él siempre siguió adelante y supo reinventarse", aseguró el escritor lomense.
La presencia continua en la zona de Lobero en el barrio, hoy se va a extrañar más que nunca por todos los vecinos porque fueron muchos años de estar en contacto permanente con él o pasar por el kiosko y verlo allí siempre en su puesto.
El texto que emocionó a los vecinos de Villa Galicia
Muchos de los vecinos del barrio se enteraron del fallecimiento del canillita de Villa Galicia gracias al emocionante texto de Vicchio. "Me enteré sin querer por una vecina que me contactó y me preguntó si no iba a hacer un posteo sobre la muerte de El Cabezón, así que me quedé helado con la noticia, pero enseguida plasme en Facebook lo que sentí", detalló el escritor que vive en Villa Galicia.
Tras el posteo, los mensajes comenzaron a llegar de tantas personas que lo conocieron y cada uno de ellos fue con amor y recordando a una persona que siempre estará presente a pesar de la ausencia física.
"Era el punto de reunión y charla cotidiana", dijo uno de los vecinos que conoció al canillita y otro agregó que la visita al local "solía extenderse en conversaciones sobre la vida diaria".
En los últimos años, el puesto de Lobero funcionaba como ese centro de resolución de compras escolares de última hora donde se podían conseguir mapas, cartulinas, enciclopedias y artículos de regalería accesibles, según recordó otro cliente del canillita.
Quienes lo conocían aseguraron que El Cabezón se encargaba de conseguir publicaciones o pedidos específicos de un día para el otro si no los tenía en stock, según el pedido de cada cliente.
"Andá a lo de Alberto que seguro tiene", era la frase en las familias del barrio porque el canillita conoció a varias generaciones de Villa Galicia por la cantidad de años que trabajó allí.
Siempre quedará en la memoria de los vecinos esa imagen de Alberto: una persona alegre, bromista, amante de la música, el baile y los viajes.
El posteo:
"Hay aromas que el tiempo no puede borrar. Para quienes crecimos antes de que el mundo se volviera digital y las pantallas dominaran las miradas, la felicidad tenía un olor muy específico: el de la tinta fresca sobre el papel rústico de los diarios y las revistas", comienza el homenaje de escritor de Lomas.
"Una fragancia que se mezclaba con el aire de la mañana mientras caminábamos apurados, con unas monedas apretadas en la mano, hacia el quiosco de la esquina. El quiosco de los años 60, 70, 80, 90, e incluso de estos últimos tiempos, no era simplemente un comercio; era una ventana a universos infinitos. Allí, colgadas de alambres con broches de madera para la ropa, flameaban nuestras fantasías. Cada semana, la vereda se transformaba en el punto de partida de viajes impensados", destacó sobre lo que sucedía en ese rincón del barrio.
"Siempre estaba el querido 'Cabezón' —así lo conocía todo Villa Galicia—, sonriendo y con un chiste a mano en su quiosco, reconvertido en los últimos años en polirrubro. Así lo veíamos todos los vecinos al querido Alberto Lobero. Lamentablemente, recién nos enteramos de que Alberto nos dejó para siempre. Ya no lo veremos en ese puesto de diarios y revistas, tal como lo inmortaliza esta foto que compartimos hoy con ustedes. ¡Que Dios lo tenga en la gloria!", concluye el sentido homenaje que todos los vecinos agradecieron.