En Lomas de Zamora estaba la Posta de Lario, clave para las diligencias que unían Buenos Aires con Azul, Chascomús, Tandil y Bahía Blanca.
Antes de que el ferrocarril transformara las comunicaciones, Lomas de Zamora fue un punto clave para las diligencias que partían de Buenos Aires hacia el sur bonaerense. La Posta de Lario, luego conocida como Posta de la Botija, permitía cambiar caballos y descansar antes de continuar viaje.
Tras la caída de Juan Manuel de Rosas en 1852, las comunicaciones terrestres comenzaron a organizarse mediante un sistema de mensajerías que atravesaba la campaña bonaerense. En ese contexto, Lomas ocupó un lugar estratégico como primera posta en los recorridos que salían desde Buenos Aires.
La posta estaba ubicada sobre la actual calle Alsina, entre Fonrouge y Balcarce, y quedó inicialmente a cargo de José Lario, un santafesino que dio nombre al establecimiento. Más tarde fue conocida como Posta de la Botija.
Allí se cambiaban los caballos y los pasajeros podían pasar la noche. Las postas estaban distribuidas aproximadamente cada 20 kilómetros para permitir el descanso de los animales y de quienes recorrían los extensos caminos de la época.
Desde este punto partían dos de las principales carreras hacia el interior bonaerense. Una de ellas era la Carrera 31, con destino a Azul, cuyo recorrido se aproximaba a las actuales rutas 3, 210 y 29.
La otra, la Carrera 44, tenía un recorrido todavía más extenso y conectaba con Chascomús, Tandil y Bahía Blanca. Su trazado se aproximaba a las actuales rutas 210 y 16.
Por entonces, las referencias del camino no eran las localidades que hoy forman parte del mapa bonaerense. Muchas postas tomaban sus nombres de estancias y lagunas, como San Vicente, Ranchos, Mostazas y El Taqueño. Lomas todavía era una zona rural.
Por la Posta de la Botija circularon empresas de mensajería como Mensajerías Argentinas, Invariables y El Lucero del Sud.
El sistema de diligencias comenzó a perder protagonismo con la llegada del tren. El 14 de agosto de 1865, el ferrocarril llegó a Lomas y modificó para siempre la forma de trasladarse hacia el sur.
Aquel cambio dejó atrás los largos viajes en galera, que para 1863 podían transportar hasta 17 pasajeros, con comida y equipaje para pasar la noche. El nuevo medio de transporte permitió recorrer las distancias con mayor rapidez y terminó desplazando a las diligencias.
Más de un siglo y medio después, parte de aquella historia todavía puede rastrearse en Lomas de Zamora. El antiguo camino hacia San Vicente permanece bajo el trazado de la calle Alsina y, en el lugar donde antiguamente se detenían las diligencias para cambiar caballos, hoy circula el colectivo 266.