El clásico del Sur se volvió jugar después de siete años y el que celebró fue Temperley, que se llevó un triunfazo del estadio Eduardo Gallardón y luego armó un gran festejo en el estadio Alfredo Beranger . En Los Andes fue todo lo contrario: mucha desazón y bronca.
Esta fueron las dos caras que dejó el derbi entre el Milrayitas y el Gasolero, uno de los encuentros más importantes que tiene el ascenso, por la fecha 7 de la Primera Nacional.
El Celeste volvió a ganar en el Gallardón después de 16 años y se afianzó en los primeros puestos de la zona B, mientras que el de Lomas sigue sin poder ganar de local en el torneo.
La fiesta fue de Temperley
Después del agónico gol de Fernando Brandán y del pitazo final de Bruno Amiconi, los jugadores del Celeste se trasladaron rápidamente al estadio Alfredo Beranger, donde los esperaba un gran número de hinchas, y allí festejaron como se merecía la victoria en el clásico.
Luego de un pequeño festejo en el vestuario, el plantel de Temperley se subió rápidamente al micro para abandonar el estadio Eduardo Gallardón y mudó la fiesta al Teatro de Turdera.
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Allí, con cántico contra el histórico rival y en un clima de mucha alegría, los jugadores y los hinchas se unieron para festejar los tres puntos obtenidos en Lomas de Zamora.
Y uno de los más eufóricos fue el entrenador Nicolás Domingo, que en la intimidad del vestuario se sumó a los festejos y mostró sus dotes como bailarín junto a sus dirigidos, algo que fue reflejado por las cuentas oficiales del club.
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En Los Andes, mucha desazón y bronca
La contracara estuvo del lado del Milrayitas, que tuvo sus chances para ganar el clásico, incluido un penal mal pateado por Mauricio Asenjo cuando faltaban pocos minutos para la finalización del encuentro, pero no aprovechó su momento y lo pagó caro en el final.
Esa falta de eficacia, sumado al agónico gol de Brandán, provocó un caldo de cultivo en el público de Los Andes, generándose algunos disturbios una vez finalizado el encuentro. Hubo acaloradas discusiones en el ingreso a la platea, a tal punto que tuvo que intervenir la Policía para que no pase a mayores, mientras que los futbolistas y el cuerpo técnico se fueron del estadio sin realizar declaraciones.