Los que suelan leer mis columnas sabrán que -la mayoría de las veces- suelo dedicar este espacio a los orígenes de Lomas de Zamora como comunidad. Si bien es indudable que las instituciones y los edificios fueron importantísimos para el desarrollo de la misma, habrán notado que las historias que más me gustan son sobre la gente.

Creo que aunque mucho haya cambiado la sociedad en estos más de 150 años, la esencia de las personas sigue siendo la misma. Además, aquellos hombres y mujeres que vinieron desde muy lejos y eligieron este barrio para formar una familia no eran otros que nuestros abuelos y bisabuelos.

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Mi apellido -y por lo tanto, una parte de mis antepasados- es de origen vasco francés. ¿Sabían que la francesa es justamente una de las colectividades europeas más numerosas en nuestra zona? Especialmente en Temperley.

Uno de los primeros galos en llegar a nuestra zona y dejar una huella fue Juan Pereuilh, de nacimiento en los Bajos Pirineos. En 1868, pocos años después de la conformación de Lomas como distrito, Pereuilh entró a trabajar en el Ferrocarril del Sud como peón. Gracias a sus conocimientos, nuestro hombre fue ascendido a capataz y desde 1871 hasta 1877 fue jefe de Estación honorario de Temperley. Pereuilh volvió luego a su país, donde contrajo matrimonio, pero siempre con la idea de regresar a Temperley. En su retorno definitivo trajo a varios compatriotas especializados en construcción y los puso a trabajar: en 1884 levantó un hotel en Meeks y Avellaneda y al año siguiente empezó a dedicarse a la venta de materiales.

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Casi todos los inmigrantes galos que siguieron llegando al distrito de la mano de Pereuilh dejaron una marca en Temperley. La mayoría eran trabajadores de distintas artes y oficios. Algunos ingenieros, de hecho, ayudaron a planificar y levantar el ejido urbano de la localidad: los que vivían en Capital Federal tenían sus quintas de fin de semana y veraneo en el sur del Conurbano. Los franceses que decidieron armar un futuro en Temperley fueron edificando sus casas y agrupándose en la zona comprendida por la avenida Almirante Brown y Colón, desde Juncal hasta la actual avenida Eva Perón, del lado Este del ferrocarril.

Un vecino llamado Alfonso Bastin construyó alrededor de 600 casas entre las que se encuentra la quinta de Caamaño, en la calle 14 de Julio y Santa María de Oro. Allí, claro, hoy están las tres famosas torres de la estación. En fin, amigos de La Unión, los espero el domingo que viene con otra historia sobre nuestro querido barrio.