Por Ignacio Merlo
Por Ignacio Merlo

A cualquier precio. Por eso, como sociedad debemos darnos un debate que va mucho más allá de la figura de femicidio que rige el Código Civil. Tenemos que comprometernos al modo en el cual criamos a nuestros hijos. No existen mensajes inocentes ni grises. La máquina machista que mata no nació hoy. Lleva muchísimos años enquistándose entre nosotros y sólo puede desactivarse si existe un compromiso moral y social de parte de quienes forman personas. Y, por más que suene fuerte, somos los padres los que tenemos en nuestras manos la capacidad de moldear las estructuras psíquicas de quienes nos sucederán. Cada vez que una mujer aparece muerta por el mero hecho de ser mujer, una familia es destruida para siempre. Y cada vez que alguien pone el ojo en cuestionar el largo de la pollera, la forma en que miraba o cuánto le gustaban los hombres a quien apareció en una bolsa negra sólo hace que el debate esté cada vez más lejos de llegar a un puerto cercano a la solución.