Un hombre se presentó en una comisaría de Lomas de Zamora y confesó que había asesinado a su hijo de 12 años. Quedó detenido de inmediato. El crimen ocurrió en una vivienda de Rafael Calzada, partido de Almirante Brown.
El nene fue encontrado sin vida en una vivienda de Rafael Calzada, en Almirante Brown. Su padre decidió entregarse a la Policía en Lomas de Zamora.
Un hombre se presentó en una comisaría de Lomas de Zamora y confesó que había asesinado a su hijo de 12 años. Quedó detenido de inmediato. El crimen ocurrió en una vivienda de Rafael Calzada, partido de Almirante Brown.
Néstor Rubén Godoy, de 41 años, decidió entregarse en la Comisaría 1ª de Lomas para hacer una confesión estremecedora. Admitió ser el responsable del asesinato de su hijo, Nahuel Benjamín Godoy, de 12 años.
Tras la intervención de la Unidad Funcional de Instrucción N°17 de Lomas de Zamora, el sujeto fue arrestado por la Policía a la espera de ser interrogado por la fiscal Marcela Juan. Quedó imputado por “homicidio”.
El caso generó una profunda conmoción por su similitud con el caso de Joaquín Ruffo, el nene asesinado por su propio padre en Lomas de Zamora, en agosto del año pasado.
Todo comenzó el sábado por la mañana. Un llamado al 911 alertó sobre una persona fallecida en una casa ubicada en la calle Río Negro al 1800, entre Nother y Rosales, en la localidad de Rafael Calzada, partido de Almirante Brown.
Efectivos policiales fueron hasta el lugar y los recibió una mujer de 80 años, dueña de la vivienda, quien los hizo pasar al fondo de la vivienda. Allí, los agentes encontraron el cuerpo de un niño de 12 años sin vida, tendido sobre una cama.
Los peritos que examinaron el cuerpo observaron lesiones gravísimas. El chico presentaba un importante traumatismo en el tabique nasal, un marcado edema en el lado derecho del rostro y una abundante pérdida de sangre. Había fallecido al menos ocho horas antes. El cuerpo fue llevado a la Morgue Judicial para realizar la autopsia.
Minutos después, el padre del menor fue a la Comisaría 1ª de Lomas para entregarse y confesar que había sido el autor de todas esas lesiones. Según las primeras informaciones, el hombre estaba separado de la madre de su hijo, quien vivía en Lanús, y ambos compartían un régimen de visitas: él retiraba a Nahuel los viernes y lo devolvía los domingos.