Antes de entrar en nuestro tema, déjenme agradecerles por estar ahí, domingo tras domingo, acompañando esta columna en La Unión de Lomas de Zamora. Se viene el 2026 y el deseo es el de siempre: que nos encuentre un poco mejor. Disfruto mucho el ejercicio de buscar historias, rincones y curiosidades de nuestra ciudad como el Parque de Lomas para compartirlas con ustedes.
Este fin de año la economía aprieta, como casi siempre, pero aun así muchos ya deben estar contando los días para tomarse ese descanso tan esperado. Hacer las valijas, cambiar de aire, cortar con la rutina. En ese sentido, somos privilegiados, me incluyo.
Enero en Lomas de Zamora
Claro que no todos corren con la misma suerte: por trabajo, compromisos o un presupuesto ajustado, habrá quienes atraviesen enero sin moverse de Lomas de Zamora. La idea no suena tentadora, pero nuestro distrito tiene espacios que permiten pasar el verano de otra manera, al aire libre, sin que el calor y el hastío se vuelvan insoportables.
Hoy quiero detenerme en el pulmón verde por excelencia del partido: el Parque Municipal. Un lugar pensado para mucho más que caminar o hacer ejercicio. Es, ante todo, un refugio. Un sitio para bajar revoluciones, despejar la cabeza y reencontrarse con algo más simple. Ese “cable a tierra” que tanto falta en tiempos de agendas saturadas, pantallas constantes y urgencias permanentes.
La historia del Parque de Lomas comenzó en 1960
Actualmente conocido como Parque Eva Perón o Parque de Lomas, este espacio nació a mediados de la década del 60. Desde su concepción fue pensado como un parque de acceso libre y gratuito, bajo administración municipal. El predio original abarcaba un amplio triángulo delimitado por Molina Arrotea, Juan XXIII, Francisco Siritto, Caseros, Frías e Isla Soledad. En su interior, como una línea caprichosa que lo atraviesa, corre el arroyo del Rey, afluente de la cuenca Matanza-Riachuelo.
Más allá de su valor urbano y ambiental, el parque tiene para mí una carga afectiva especial. A mediados de los años 70, con los amigos del ENAM, era el punto de encuentro obligado para interminables partidos de fútbol. Todavía resulta fácil recordar la escena clásica: la pelota que terminaba en el arroyo y la incómoda pregunta sobre quién se animaba a ir a buscarla. También estaban, como hoy, la pista de atletismo y el gimnasio. Con el tiempo creció y se modernizó. El Polideportivo sumó mejores instalaciones y mayor oferta para distintas disciplinas.
Hoy el parque es una referencia para quienes buscan entrenar, descansar o simplemente regalarse un rato lejos de los problemas diarios. En pleno enero, cuando el verano empuja a salir del encierro, conviene mirar alrededor y aprovechar lo que tenemos a mano. A veces, el mejor plan está más cerca de lo que creemos.