Carlos Molina tiene 80 años y mantiene una rutina de entrenamiento de boxeo en un gimnasio de Lomas de Zamora, donde practica desde hace más de 20 años. Abogado penalista jubilado, lleva más de tres décadas vinculado a la disciplina, una actividad que considera clave para cuidar el cuerpo, la mente y el espíritu.
Una pasión por el boxeo que nació en Luna Park
El vínculo de Molina con el boxeo comenzó mucho antes de ponerse los guantes. De chico, su padre lo llevaba al Luna Park y aquellas salidas familiares despertaron un interés que recién muchos años después se transformaría en una práctica sostenida.
Durante su carrera profesional como abogado, tanto en el ámbito privado como en el público, también encontró tiempo para entrenar. Primero pasó por un gimnasio de Banfield y, en 2001, comenzó a concurrir al espacio de Rivera 914, que había abierto un año antes.
Desde entonces, el boxeo se convirtió en una parte estable de su vida.
Entrenar con los años en cuenta
A los 80, la rutina ya no es la misma que tres décadas atrás. Molina mantiene el tipo de ejercicios, aunque adapta la intensidad y los movimientos a sus posibilidades actuales.
Los viernes, además, realiza guanteo con Jorge, el dueño del gimnasio. Allí sube al ring para practicar técnicas, sin buscar lastimar al otro. Si antes podía completar cinco o seis rounds, actualmente realiza dos o tres.
La premisa es reconocer los propios límites sin abandonar la actividad.
El parate más difícil llegó hace dos o tres años, cuando sufrió una luxación en la clavícula que lo obligó a permanecer algunos meses sin entrenar. El regreso fue también una forma de reafirmar una idea que sostiene hasta hoy: continuar, incluso después de una interrupción.
sostiene que, con el paso de los años, la actividad física adquiere todavía más importancia.
El deporte como parte de la vida después del trabajo
Para Molina, los beneficios del boxeo no se limitan a lo físico. Después de décadas entre expedientes y papeles, encontró en el ring una actividad que también le exige concentración, coordinación y rapidez mental.
Su mensaje para quienes creen que la edad impide hacer deporte es contundente: “Está equivocada. Rotundamente equivocada”. Y sostiene que, con el paso de los años, la actividad física adquiere todavía más importancia.
El boxeo no es su única ocupación desde la jubilación. La música también ocupa un lugar central: siempre cantó y tocó la guitarra, pero después de retirarse del ejercicio profesional decidió profundizar sus estudios y comenzó a componer.
Ahora trabaja junto a su profesor de música y se prepara para grabar un disco.
Para Molina, ambas actividades ayudan a responder una pregunta que aparece después de dejar la vida laboral: qué hacer con el tiempo propio. Su experiencia lo llevó a buscar nuevas rutinas y a resignificar esa etapa. “Hay que cambiarle la connotación a la palabra jubilado”, resume.