El 2018 se nos está escurriendo entre las manos. Ya pasó la Navidad y no falta nada para Año Nuevo. Las últimas semanas, como es costumbre, el centro de Lomas se puso a tono y entró en calor. No sólo por las altas temperaturas del verano, sino también por el movimiento constante de vecinos que inundaron los negocios para encontrar alguna oferta interesante y conseguir ese regalo para el arbolito que tanto estaban buscando.

Los más organizados habrán comprado con tiempo. Los poco organizados para estas cosas, como yo, que dejamos todo para la última hora, tuvimos que someternos a la marea de gente en la que se convierte el centro de Lomas las horas previas a la Nochebuena.

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El pulso de las compras en nuestro partido lo marca la vieja y querida Laprida, el corazón de la actividad comercial en esta porción del conurbano Sur. Así como en Buenos Aires está Florida, en Nueva York la Quinta Avenida, en Madrid la Gran Vía o en París los Campos Elíseos, en Lomas tenemos a Francisco Narciso de Laprida.

desde los inicios del distrito, esta peatonal ya se diferenciaba del resto de las calles por su ritmo agitado.

Esta arteria, que lleva ese nombre en homenaje al prócer que en julio de 1916 presidía el Congreso de Tucumán, es el sello distintivo de nuestro municipio. Para muchos vecinos de otros partidos, basta citar a la Laprida para certificar que se conoce a Lomas. Siempre fue así: desde los inicios del distrito, esta peatonal ya se diferenciaba del resto de las calles por su ritmo agitado.

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En un principio, la fisonomía de Laprida era muy distinta: de hecho, las veredas estaban pobladas de árboles. El tranvía que venía desde Retiro entraba por Alem, doblando donde hoy está el Banco Nación. Continuaba su recorrido hasta Meeks y por allí seguía hacia Temperley, donde terminaba el recorrido. Fue en esa Laprida del recuerdo donde se hizo la primera Fiesta de la Primavera en la Argentina. También en ella se disputaron cientos de debates entre dirigentes políticos locales ante la elección de turno.

Los vecinos usaron a Laprida para protestar, aunque también para festejar. Por ejemplo, allí se hicieron los primeros desfiles de los Reyes Magos y los corsos de Carnaval. Nuestra calle, que hoy nace en la estación y llega hasta Camino Negro, se fue transformando en el punto de encuentro obligado para jóvenes y familias los domingos a la tarde.

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Con el correr de los años, en Laprida se fue armando un centro comercial y luego, inevitablemente, se transformó en una renovada peatonal, donde las galerías se multiplicaron y la música de los negocios le sigue poniendo el ritmo a las compras. ¡Felicidades, amigos de La Unión! La seguimos en 2019.