En plena pandemia y con una cuarentena que todavía parece lejos de terminarse, escuchar música es una de mis actividades preferidas para escaparles a las urgencias del día a día, desconectarse y disfrutar. Muchos de ustedes sabrán lo fanático que soy de la música. El rock & roll me atrapó desde muy chico y Elvis Presley pronto se transformó en mi gran ídolo. Tanto me gusta la música del rey que a mi único hijo varón le terminé poniendo su nombre: se llama Franco Elvis.

Hace ya un par de años por fin pude cumplir uno de los grandes sueños de mi vida y formé una banda de rock con mis amigos. Se llama Lapeband. De vez en cuando, además, me gusta pasar música. Aunque no lo crean, en privado soy un gran disc jockey. Pero esta columna no se trata sobre mí, sino sobre los hechos y las personas que marcaron a fuego a nuestra ciudad. Y aprovechando esta introducción “musical” los invito a conocer la historia de un pionero: Benedicto Sapienza, el primer DJ de Lomas de Zamora.

Leé también:  El difícil momento para los boliches de la zona

Sapienza fue el primer vecino al que se le ocurrió animar un “baile con discos”, como se le decía en aquella época. No fue su invento, sino que copió un modelo que había visto mientras pasaba música en clubes sociales de Capital Federal. Benedicto pensó en la posibilidad de hacer plata con la actividad y trajo la idea a la zona. Así, a mediados del siglo pasado llegó a pasar música en Lomas por primera vez. Fue en el Club Cultural de la calle Piaggio al 500. A Benedicto se le ocurrió la idea de que, pasada la medianoche, los jóvenes presentes en los salones invitaran a sus hermanas y amigas del barrio para que fueran a bailar y probaran esta nueva modalidad. Al principio le costó: las chicas se mostraban algo reacias a bailar con el sonido saliendo de amplificadores y pedían por la presentación de una orquesta en vivo, como se solía hacer.

Leé también:  Cuando en Temperley había una pequeña Francia

Con el tiempo la gente se fue acostumbrando, su idea prosperó y, de a poco las reuniones comenzaron a cobrar popularidad. Al tiempo de abrir su primer “boliche”, Sapienza tuvo que empezar hacer presentaciones en todo el distrito: después de Piaggio llegó el Club Olimpia, luego el Sportsman de Villa Galicia y después bailes por todo el municipio. En la primera época, el DJ tenía que esconder los parlantes para no espantar a las chicas. Pero de a poco se fueron poniendo de moda y terminaron siendo esenciales para una buena fiesta. Cada vez más grandes y más potentes, los amplificadores terminaron provocando la desaparición de las orquestas, que quedaron reservadas exclusivamente para los festivales de tango. Sapienza fue, a su manera, un revolucionario. Hoy la tendría complicada, como todos los dueños de bares y boliches del Área Metropolitana de Buenos Aires. Ya llegarán tiempos mejores...