Hay imágenes que desafían cualquier ley de la probabilidad y se convierten en mitos vivientes del fútbol mundial. En diciembre de 2007, en los vestuarios del Camp Nou, del Barcelona, un joven Lionel Messi posó junto a un bebé de apenas cinco meses dentro de una bañera de plástico azul.
Casi dos décadas después, ese bebé se transformó en la máxima joya del Barcelona y de la selección española: Lamine Yamal. Esta es la secuencia de una de las casualidades más extraordinarias de la historia del deporte.
El origen de la foto no tuvo nada que ver con el scouting deportivo, sino con la solidaridad. El diario catalán Sport, en colaboración con la Fundación FC Barcelona y UNICEF, organizaba su tradicional calendario benéfico para el año 2008. Los fondos recaudados se destinarían a proyectos de protección de la infancia en todo el mundo.
Para elegir a los niños que posarían junto a las estrellas del club (que incluían a figuras como Ronaldinho, Deco o Iniesta), UNICEF organizó una rifa solidaria en comunidades vulnerables de Cataluña. La familia de Lamine Yamal, residente en el modesto barrio de Rocafonda, en Mataró, se inscribió sin imaginar lo que el destino les tenía deparado. Ganaron el sorteo y, por puro azar, el futbolista asignado para su sesión fue un Lionel Messi de 20 años que empezaba a deslumbrar al planeta.
Lionel Messi con Lamine Yamal, hace 20 años.
Tensión, timidez y un tierno patito de goma
El fotógrafo encargado de la sesión, Joan Monfort, recordó años después los entretelones de una jornada que hoy califica como "un milagro". La idea de la bañera de plástico, el jabón y el patito de goma fue del propio fotógrafo, quien se inspiró en la rutina diaria que tenía con su hija pequeña.
Sin embargo, juntar a los dos protagonistas no fue una tarea sencilla. En 2007, Lionel Messi era un chico extremadamente introvertido. Al salir del entrenamiento, se encontró en el vestuario con una tina con agua y un bebé desconocido. "No sabía ni cómo sostenerlo", relató Monfort. Lionel Messi estaba tenso, temeroso de hacerle daño al pequeño.
Así las cosas, Sheila Ebana, la madre de Lamine Yamal, tuvo que intervenir para acomodar al bebé y transmitirle tranquilidad al futbolista argentino. Poco a poco, gracias a las risas del bebé y al juguete de goma, el astro se relajó. Monfort capturó el momento exacto en que una sonrisa cómplice unió a los dos destinados a la grandeza.
El secreto mejor guardado
La foto quedó sepultada en los archivos del diario durante 16 años. No fue hasta julio de 2024, en plena disputa de la Eurocopa, cuando Mounir Nasraoui (padre de Lamine Yamal) revolucionó las redes sociales al publicar la imagen en su cuenta de Instagram con el texto: "El comienzo de dos leyendas".
El impacto global fue inmediato. El propio Lamine Yamal confesó más tarde que su familia había mantenido guardada la foto durante años a propósito: "No queríamos que saliera a la luz para evitar comparaciones desde el primer momento", admitió la joven estrella, consciente de la presión que significaba ser señalado como el "heredero" de Lionel Messi.
Lo que en 2007 fue un simple acto benéfico, hoy se lee como un traspaso de testimonios místico. Una bendición involuntaria que, bajo el flash de una cámara, unió para siempre el inicio de la era de Lionel Messi con el nacimiento futbolístico de Lamine Yamal.
Lionel Messi y Lamine Yamal, un destino en común
El destino futbolístico dispuso después que aquel bebé, unos 15 años más tarde se convierta en una estrella del Barcelona y fuera emparejado con el argentino que llegaría a ser el mejor de todos los tiempos.
Lionel Messi se marchó llorando de Barcelona en 2021, cuando el club atravesaba problemas financieros. Lamine Yamal irrumpió en el club dos años después.
El recorrido ahora está completo, de la bañera a la final del Mundial 2026, cuando Lamine Yamal de 19 años se medirá con un Lionel Messi que le lleva 20 años. Ahora será el turno de la Selección Argentina enfrentando a España en el partido decisivo de la Copa del Mundo, con Lionel Messi y Lamine Yamal como epicentro de todas las miradas y con el guiño del destino propio de una película de Hollywood.