Encontraron muerto a Leonardo Cohen Arazi, uno de los principales acusados por los abusos sexuales y la prostitución de jugadores juveniles de Independiente. Ocurrió cuatro meses después de la insólita condena que había recibido en los Tribunales de Lomas de Zamora.
El relacionista público fue hallado sin vida en su departamento del barrio porteño de Palermo, donde cumplía prisión domiciliaria. Las primeras informaciones indican que su repentina muerte se produjo por causas naturales, presuntamente por problemas de salud que padecía hace tiempo.
El fallecimiento de Cohen Arazi hizo ruido en el mundo Independiente, ya que él había sido uno de los principales acusados por los abusos cometidos en las divisiones inferiores del club de Avellaneda.
Las víctimas fueron jugadores de la pensión juvenil de Independiente.
El exrelacionista público fue denunciado por contactar a futbolistas menores de la pensión del ‘Rojo’ a través de las redes sociales, aprovechándose de su situación de vulnerabilidad social y económica. Concretamente, lo acusaban de abusar de los futbolistas a cambio de dinero y botines. Siete víctimas, la mayoría menores, lo señalaron por estos actos. El caso lo denunció el propio club.
La acusación formal incluyó los delitos de “promoción de la prostitución agravada por cometerse mediando abuso de una situación de vulnerabilidad y ser la víctima menor de 18 años”. Insólitamente, no fue a prisión por esos graves episodios.
El insólito fallo de la Justicia de Lomas
Tribunales de Lomas de Zamora.
Cohen Arazi se sometió a un juicio abreviado. El Tribunal Oral N°3 de Lomas validó los testimonios de todas las víctimas y sus familias, se apoyó en pericias psicológicas y consideró veraces todas las denuncias por abuso sexual y prostitución, pero a la hora de definir una condena, la sentencia estuvo lejos de compensar el terrible daño causado.
En un fallo polémico, el acusado pactó una pena de 10 años de prisión y se le permitió cumplir la pena en su casa. Como si fuera poco, lo autorizaron a salir de su vivienda seis días a la semana para ir a trabajar, para cumplir turnos de ocho a diez horas atendiendo un maxikiosco en Sarandí durante la noche.
La escandalosa condena implicaba que Cohen Arazi podía estar prácticamente en libertad, sin las limitaciones que supone un régimen penitenciario, saliendo de su casa casi a diario. En un giro dramático del destino, su domicilio se convirtió en su lecho de muerte sólo cuatro meses después de la condena.