jueves 03 de septiembre de 2026
Ejemplar.

El ferretero de Lomas de Zamora que mantiene los códigos: "Voy a ayudar aunque pierda una venta"

Leonel tiene 38 años y hace cinco volvió a la ferretería de Lomas donde empezó de cadete y forjó un vínculo con los vecinos que trasciende lo comercial.

A los 23 años, Leonel llegó como cadete a la ferretería. Quince años después, tras un paso por una gomería, regresó al negocio y asumió nuevas responsabilidades. Hoy, en "El loco de la esquina", Cerrito 1300, Lomas, se ocupa de manejarlo junto a su dueño y ganándose la confianza y amistad de los clientes.

La historia comenzó cuando Martín, propietario del comercio, lo incorporó para realizar tareas de cadetería. Durante dos años compartieron el trabajo hasta que Leonel decidió buscar otra oportunidad laboral y se fue a una gomería.

Socios y amigos en la ferretería de Lomas

La relación entre ambos, sin embargo, continuó fuera del negocio. Mantuvieron la amistad, compartieron comidas y siguieron en contacto. Por entonces, Martín tenía la ferretería en venta, aunque no lograba concretar la operación.

Hace cinco años, Leonel tomó la decisión de regresar. Llegaron a un acuerdo y aquel cadete pasó a ser el encargado del comercio. Martín actualmente vive en España, mientras que Leonel quedó al frente de la actividad cotidiana.

Se ocupa de la atención al público, los proveedores, la reposición, el stock y el mantenimiento. También le rinde cuentas al dueño, pero asegura que trabaja con la misma responsabilidad que tendría si el negocio fuera propio.

Una enseñanza que quedó para siempre

Entre los recuerdos de sus primeros años hay una escena que Leonel todavía conserva: los mates compartidos con Martín mientras ambos se ocupaban de las tareas del local.

Una vez, mientras Leonel preparaba el mate, Martín se puso a barrer. El joven quiso intercambiar las tareas porque entendía que el dueño no debía hacerlo. La respuesta de Martín quedó grabada en su memoria: "No hay ninguna deshonra en barrer".

Para Leonel, aquella enseñanza fue mucho más que una anécdota. También recuerda otra frase que marcó su manera de entender el trabajo: no debía sentirse menos por ser empleado.

Con el tiempo, esa relación de confianza también se convirtió en una forma de atender. Leonel tomó como propia una idea que aprendió de su maestro: tratar a cada persona de la manera en que le gustaría ser atendido.

"De ser empleado pasé a ser encargado. Hoy manejo la ferretería como si fuera mía. Martín está en España y yo estoy acá. Me hago cargo de todo: la atención al público, los proveedores, la reposición, el stock, el mantenimiento. Le rindo cuentas a él, pero la llevo adelante como si fuera mía. Por la confianza que me tiene. El negocio crece, avanza, se sigue desarrollando".

Crecer y sostener un vínculo con la comunidad

El salto entre ser cadete y sentirse ferretero llegó de manera gradual. Leonel empezó a involucrarse con los proveedores, controlar los faltantes y pensar qué mercadería necesitaba el negocio.

Ese cambio de actitud fue el clic. Ya no miraba las tareas únicamente desde el lugar de un empleado, sino que comenzó a preocuparse por el funcionamiento general de la ferretería.

"Tanto a los vecinos como a los clientes trato de ayudarlos, de guiarlos, de explicarles lo mejor posible. Si tengo que perder una venta, me la pierdo. Si lo puedo aconsejar para cuidarles el bolsillo, lo hago. Calculo que por eso soy reconocido. Por eso", expresó.

Caminar por el barrio y cruzarse con vecinos que lo saludan es, para Leonel, la principal señal de que construyó algo más que una relación comercial. Algunos ni siquiera son clientes habituales, pero lo reconocen después de tantos años frente al local.

"Que valoren a la persona, no sólo al que vende", destacó.

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