Este sábado era una fecha muy esperada por los fanáticos de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota de Lomas de Zamora y alrededores porque por primera vez la Plaza Grigera se iba a convertir en el escenario de un festival inédito para celebrar los 40 años del disco Oktubre.
Sin embargo, el clima tuvo otros planes. A pesar de que el Municipio y las bandas esperaron hasta último momento, no quedó otra opción que suspender por la seguridad de las bandas y el público.
“Esta decisión no fue fácil. Detrás de este evento hay semanas de trabajo, un equipo comprometido, tres bandas que ensayaron con dedicación y una comunidad que se preparaba para celebrar juntos algo que vale la pena celebrar. La lluvia no entiende de eso. Y la seguridad de todos siempre va primero”, posteó Gaby Palavecino, conductor de la jornada y del programa de streaming La Lengua Popular, al confirmarse la suspensión.
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Y cerró: “Agradecemos profundamente a quienes nos acompañaron en este camino. La nueva fecha se confirmara a la brevedad. Oktubre esperó 40 años. Nosotros podemos esperar un poco más”.
Algunos fanáticos que ya estaban en la Plaza Grigera igualmente se pusieron a bailar y hacer pogo con la música que salía desde un celular.
Para la fecha que elegirán se espera que pueden sumarse las mismas bandas: Arlequines del Banquete, reconocida banda tributo de la zona sur del conurbano bonaerense; Desorientados, un grupo de jóvenes músicos de 15 años del colegio Emilio Lamarca, y Fiesta Rock del País, encargada del cierre.
Por que Oktubre fue clave para el rock
Fue publicado el 4 de octubre de 1986, en una Argentina que atravesaba su primera primavera democrática.
Oktubre fue grabado de manera independiente, sin el respaldo de un sello discográfico, con recursos mínimos y una energía que ningún estudio podría haber manufacturado.
"Con canciones que hablaban de identidad, resistencia y pertenencia, el disco capturó el espíritu de toda una generación y 40 años después, su vigencia es indiscutible", destacó Palavecino.
La amenaza nuclear, la manipulación de los medios de comunicación, el consumo de drogas y el desencanto social atravesaron un disco que capturó algunas de las principales preocupaciones de mediados de los años ochenta.
La identidad visual también resultó decisiva. Ricardo Cohen, conocido como “Rocambole”, diseñó una portada dominada por una multitud de figuras con banderas, bajo una estética inspirada en la iconografía revolucionaria soviética.
El rojo, el negro y el gris definieron una imagen que terminaría reproducida en miles de remeras y banderas. En la contratapa, la Catedral de La Plata en llamas completó una propuesta gráfica cargada de simbolismo.