De Lomas de Zamora, a las Georgias: la fabulosa historia de un veterano en el inicio de la Guerra de Malvinas
El vecino de Lomas de Zamora, José Bustamante, estuvo en Georgias del Sur y vivenció los primeros enfrentamientos con los ingleses en el conflicto de 1982.
José Bustamante volvió a Argentina y regresó a su hogar en Lomas de Zamora sano y salvo.
En marzo de 1982, operarios y técnicos argentinos desembarcaron en las Islas Georgias del Sur para desmantelar una estación ballenera. Tras el arribo, izaron la bandera argentina, sin saber que ese hecho desencadenaría en la Guerra de Malvinas. El vecino de Lomas de Zamora, José Bustamante, fue uno de los que acudió a ayudar a los trabajadores en el archipiélago.
Hace exactamente 44 años, la bandera nacional comenzó a flamear en Puerto Leith, situado en las Islas Georgias del Sur, un territorio que estaba bajo dominio y administración del Reino Unido. El hecho ocurrió luego de que el buque ARA Bahía Buen Suceso lograra desembarcar personal para desmantelar una estación ballenera de firma escocesa.
Lo cierto es que toda la secuencia fue avistada por tres ingleses del British Antartic Survey, quienes rápidamente dieron aviso a la sede administrativa ubicada en Grytviken, puerto en el que se encontraba una base científica, para alertar sobre lo ocurrido. La noticia rápidamente llegó al Reino Unido, que tomó cartas en el asunto.
Lomas de Zamora, presente en Grytviken
El lomense José Bustamante, integrante de la Armada Argentina, era parte de la dotación del Transporte Polar ARA Bahía Paraíso que llegó días más tarde a las Islas para evitar el desalojo de civiles en Puerto Leith y con el propósito de tomar control de Grytviken, que para ese entonces ya contaba con la presencia de infantes ingleses.
“El 3 de abril se hacen los primeros desembarcos en Gryrviken y ya en el segundo desembarco tenemos las primeras bajas de soldados. De todas maneras, logramos tomar prisioneros a los ingleses y allí decido quedarme de manera voluntaria para ayudar como mecánico. Asimismo, logramos izar una nueva bandera nacional, esta vez en Gryrviken”, detalló José, que en aquel entonces tenía apenas 22 años.
El 3 de abril se hacen los primeros desembarcos en Gryrviken y ya en el segundo desembarco tenemos las primeras bajas de soldados. De todas maneras, logramos tomar prisioneros a los ingleses y allí decido quedarme de manera voluntaria para ayudar como mecánico. Asimismo, logramos izar una nueva bandera nacional, esta vez en Gryrviken El 3 de abril se hacen los primeros desembarcos en Gryrviken y ya en el segundo desembarco tenemos las primeras bajas de soldados. De todas maneras, logramos tomar prisioneros a los ingleses y allí decido quedarme de manera voluntaria para ayudar como mecánico. Asimismo, logramos izar una nueva bandera nacional, esta vez en Gryrviken
34731afa-8085-4e80-a2b0-d2f1ef7cf668
José, oriundo de Lomas de Zamora, estuvo presente en las Islas Georgias del Sur en 1982.
José, junto con un compañero, lograron reparar una lancha con la que comenzaron a hacer patrullajes por la bahía de la isla. Con aquella embarcación lograron establecer los primeros contactos con el submarino ARA Santa Fe, a fines de abril de 1982, el cual fue enviado a las Islas Georgias para transportar refuerzos de infantes de marina y equipos a Grytviken, con el objetivo de asegurar la posición argentina.
El coraje de defender a la Argentina con alma y vida
“Cuando el submarino estaba regresando a suelo argentino, la flota inglesa lo divisa y comienza con un feroz ataque mediante tres helicópteros. El ARA Santa Fe debió volver a Grytviken, pero ya con muchas averías producto de los disparos”, relató Bustamante, que inmediatamente contó un suceso que lo marcó para siempre: “En medio del fuego enemigo, y viendo el peligro en el que se encontraban mis compañeros, logré separar la lancha del muelle para que se pueda amarrar el submarino y así efectuar el desembarco de la tripulación”.
En medio del fuego enemigo, y viendo el peligro en el que se encontraban mis compañeros, logré separar la lancha del muelle para que se pueda amarrar el submarino y así efectuar el desembarco de la tripulación En medio del fuego enemigo, y viendo el peligro en el que se encontraban mis compañeros, logré separar la lancha del muelle para que se pueda amarrar el submarino y así efectuar el desembarco de la tripulación
Los argentinos permanecieron en Grytviken hasta el mediodía del 26 de abril, cuando los infantes ingleses ordenaron la rendición. “Nuestro pabellón, que estaba izado en la base, debió ser arriado y enterrado en el pie del mástil. De ahí en más fuimos tomados como prisioneros y permanecimos dos semanas en un buque petrolero”, detalló el lomense.
“Como prisioneros de guerra fuimos entregados a la Cruz Roja Internacional, quienes nos enviaron a Uruguay. El 16 de mayo de 1982 llegamos a Argentina y regresamos a nuestros hogares, sin la posibilidad de volver al frente de batalla por mandamiento de un tratado internacional”, sentenció el veterano.
A más de cuatro décadas de aquellos días marcados por el frío, la incertidumbre y el coraje, la historia de José Bustamante sigue viva no solamente en su memoria, sino también en la de toda una comunidad que lo reconoce por su compromiso con la patria.