Ya no hay tantos. Su época de esplendor quedó en el pasado. Los precios elevados de las entradas, la televisión, Netflix, la comodidad del sillón de casa y la aparición de nuevas tecnologías los fueron marginando. Pero todavía resisten. ¿A quién no le gusta meterse en una sala oscura, olvidarse de todos sus problemas y sumergirse de lleno en el argumento de una película? El cine es mágico.

Así como la semana pasada les conté todo acerca de los teatros en Lomas, esta vez me parece interesante repasar la historia del séptimo arte en nuestro querido municipio.

Si bien desde hace tiempo las salas de barrio se transformaron en una especie en extinción y le dieron lugar a las enormes pantallas de los centros comerciales, los más grandes seguramente recordarán con cariño y nostalgia todos los cines que en algún momento marcaron a fuego el entretenimiento de varias generaciones.

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En la primera década del siglo pasado, cuando el cine era una novedad en todo el mundo, en el café Paulista de la avenida Meeks y 25 de Mayo, justo enfrente de la estación de Temperley, se podía disfrutar de un café mientras en una precaria pantalla se proyectaba una película muda. La competencia estaba a pocos metros, en la confitería del Hotel Internacional, pegado a las vías.

De a poco, igual, fueron apareciendo más y más salas en toda la zona. La Sociedad Italiana de Temperley, por ejemplo, inauguró en su sede de Vicente López 789 el cine-teatro Nuova Roma, que luego se llamó Roxy. En 1928 se inauguró el cine Gloria, que más tarde fue rebautizado Astor, que funcionaba en la avenida Almirante Brown, casi esquina 14 de Julio. Unos meses después se construyó, en la avenida Meeks, a pocos metros de la Plaza Espora, el cine Gran Splendid, que funcionó varios años hasta 1966. Después de una remodelación, reabrió sus puertas como el Gran Sud y funcionó hasta 1975. Luego, con otros vientos comerciales, en el lugar funcionaron varios boliches. ¿El más famoso? Le Paradise, la gloria de los 80.

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Aunque fue en Temperley donde el séptimo arte tuvo mayor arraigo dentro de nuestro municipio, no me quiero olvidar de los tradicionales cines Avenida, Gran Lomas, Español y Coliseo de Lomas; más el San Martín y el Maipú de Banfield. Ni de tantas otras salas de cine, más chicas y barriales, como el San Martín de la calle Riobamba y Carlos Casares, en pleno corazón de Villa Galicia. Hoy quedan pocas: el Hoyts del Coto Temperley, más un par de salas en Adrogué, constituyen la oferta de estrenos en el barrio…