Una cárcel de Altamira, al Norte de Brasil, fue el escenario de un sangriento enfrentamiento entre bandas que dejó un saldo de 52 muertos: algunos de ellos decapitados y el resto, asfixiados ya que incendiaron parte del edificio.

El origen de los disturbios, según informaron autoridades de ese país, fue una pelea entre facciones que se extendió por cinco horas en lo que se convirtió la segunda masacre más grave de este año en las cárceles de Brasil.

“La unidad es vieja y alberga a dos facciones criminales (Comando Vermelho y Comando Clase A). No teníamos un informe de nuestra inteligencia que proporcionara un posible ataque de esta magnitud””, explicaron desde la Superintendencia del Sistema Penitenciario de Pará.

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