Mi primer encuentro con Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota y la figura enigmática de El Indio Solari se produjo promediando los ’80. A mis 17 años, en 1989 los vi por primera vez en Satisfaction y luego estuve presente en el primer Obras, junto a mi hermano Gabriel y un par de amigos.
Para los integrantes de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota el estadio de Obras Sanitarias era una suerte de “Disneylandia del Rock” o la “Meca comercial del rock”, pero finalizando los ’80 los demás espacios les iban quedando chicos, demasiado chicos.
Luego de colmar, quizás más de la cuenta, Palladium, Cemento e incluso Satisfaction, un local ubicado sobre Bernardo de Irigoyen, donde había funcionado un cine en el barrio de Constitución, la banda liderada por El Indio Solari, Skay Beilinson y Poli desembarcó en el estadio de Núñez.
En la calurosa jornada del 2 de diciembre de 1989, Los Redondos salían a escena en Obras, que había tenido su bautismo de fuego en materia de recitales en 1977, con una presentación de Luis Alberto Spinetta.
“Unos pocos peligros sensatos” abrió la velada, en un colmado estadio en Libertador al 7300, con un calor abrazador dentro de las instalaciones.
La polémica de El Indio Solari y Carlos Polimeni
Por aquellos días, ya con el menemismo comenzando a hacer de las suyas, se había desatado un polémica mediática (no al nivel de las de hoy en día, claro) sobre el arribo de la banda platense a Obras.
“Para un periodista yuppie, genuflexo y advenedizo. Carlitos del Sur, me cago en tu puta boca”, disparó, palabras más palabras menos, desde el escenario El Indio Solari.
Enfundado en su mameluco blanco, de astronauta italiano, apuntó esos misiles a Carlos Polimeni, en aquellos días en el desaparecido diario Sur y responsable de “El Tajo”, el suplemento juvenil y de rock del periódico.
El periodista había firmado una nota titulada “El silencio es salud”, por las críticas del grupo al estado ubicado en la Avenida del Libertador y su posterior llegada a ese lugar. Cambia, todo cambia…
El show inolvidable de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota
Para los que estuvieron (y los que estuvimos), dejando las polémicas de lado, fue un concierto antológico. La banda acaba de sacar “Bang bang! Estás liquidado”, el cuarto disco de una carrera que iba en ascenso, y también mostraban temas de trabajos anteriores y canciones que nunca fueron a parar a grabaciones oficiales, que se encontraban en casetes piratas que se vendían a precios módicos.
Para entonces, Los Redondos ya habían editado “Gulp!”, el consagratorio “Oktubre”, “Un balón para el ojo idiota” y el flamante “Bang bang! Estás liquidado”.
La banda sonaba para los dioses en los surcos de esos discos de vinilo, pero redoblaban la apuesta en vivo, donde todo se magnificaba, tanto arriba como abajo del escenario.
Ya populares, pero no con la enorme masividad posterior, la banda eludía los medios, en especial a la televisión. Algunas notas podían leerse en la revista Humor, en las “Paginas del Gloria”, la sección a cargo de Gloria Guerrero, y en cuentagotas en otros medios.
Radicales a ultranza en la independencia de su trabajo, la banda defendía este camino con Carmen Castro, “Poli”, al frente de lo organizativo y de la logística.
La voz y las líricas de El Indio Solari y las guitarras de Skay Beilinson, uno de los mejores en el arte de las seis cuerdas en el rock argentino, formaron una dupla implacable.
La banda, luego de algunos cambios en su formación, se completaba con Semilla Bucciarelli en el bajo, que jamás desentonó desde sus graves notas, con el poderío de Walter Sidotti en la batería y con Sergio Dawi, un saxofonista con linaje jazzero.
Mientras el calor abrumaba dentro de Obras, la banda dio cátedra de rock & roll en esa jornada, como en tas otras, matizando el repertorio con algunos temas de medio tiempo.
Ya para entonces, “las bandas” le daban duro y parejo al pogo, transformado en un ritual y en una suerte de discutible folklore rockero, que terminó queriendo invertir los roles entre el público y los verdaderos protagonistas.
El Indio, Los Redondos y después
Los Redondos repitieron el recital el domingo 3 y el viernes 29 tocaron para cerca de 20.000 espectadores, pero en un escenario montado en la vieja cancha de hockey sobre césped y al aire libre, en donde hoy funciona el estacionamiento vehicular del club de Núñez.
Los Redondos fueron más que una banda de rock y se trasformaron en una suerte de fenómeno extramusical, que dejo varias aristas para su análisis y una amplia bibliografía sobre el tema.