Miguel Abuelo fue una de las piezas clave en los albores del movimiento del rock argentino a finales de los ’60 y también fue una figura central en los “nuevos peinados nuevos” que lució el género en los ’80, con el regreso de la Democracia.
Miguel Abuelo fue una figura clave del argentino a fines de los ’60 y luego en los ’80, cuando se puso al frente de Los Abuelos de la Nada.
Miguel Abuelo fue una de las piezas clave en los albores del movimiento del rock argentino a finales de los ’60 y también fue una figura central en los “nuevos peinados nuevos” que lució el género en los ’80, con el regreso de la Democracia.
Este artista llegaba a este mundo hace 80 años, el 21 de marzo de 1946. Nacido en Munro, como Miguel Ángel Peralta, en un hogar pobre e hijo de una madre soltera.
Se crió más en la calle que en cualquier otro sitio y apenas terminó la Primaria. Esto no conspiró para que se convierta en un lector voraz de autores que forjaron su futura poética.
Autodidacta e intuitivo, su primer acercamiento a la música fue a través del folklore argentino y el rock recién entró en su universo cuando comenzó a frecuentar La Cueva.
Casi le casualidad le llevó la oportunidad de grabar y sobre la marcha aseguró que tenía un grupo, al que bautizó en ese momento como Los Abuelos de la Nada, a partir de una frase de “El Banquete de Severo Arcángelo”, de Leopoldo Marechal.
Con un joven Pappo en las filas de la banda, en 1968 grabó el simple que contenía a “Diana Divaga”, en el Lado A, y a “Tema en Flu sobre el planeta”, en la otra cara.
El grupo no prosperó y luego de un simple como solista, que tenía la bella canción “Mariposas de madera”, se exilió en Europa por una década. Se convirtió en un verdadero buscavidas y se ganó la vida en diferentes oficios, como trabajando en la vendimia en la campiña francesa.
También hace pié en Inglaterra, en Holanda y en España, entre otros puntos. En Europa nació Gato Azul, su único hijo fruto de su relación con artista Krisha Bogdan.
En su peregrinar hizo buenas migas con Moshe Naïm, productor y acaudalado mecenas de la escena pop francesa. Este contacto termina con la grabación de “Miguel Abuelo et Nada”, con otros músicos argentinos.
Con bellas líricas de Miguel Abuelo y aires folk y momentos más duros propios del hard rock de los primeros ’70, el álbum se grabó en 1973 y se edita recién dos años después.
La vida errante de Miguel Abuelo lo puso en contacto en Ibiza con otros músicos argentinos y comienza a crecer en él la idea de volver a la Argentina.
Finalmente el retorno se concreta a principio de los ’80, conjuntamente con la intención de armar una banda con Cachorro López, un bajista que había conocido en la isla mediterránea.
La nueva versión de Los Abuelos de la Nada tenía al joven tecladista Andrés Calamaro, al experimentado guitarrista Gustavo Bazterrica, el saxofonista Daniel Melingo y el baterista Polo Corbella.
Con una propuesta de un pop con aires latinos, la banda es un furor automático y sus temas pegadizos y bailables invaden las radios argentinas.
Durante el fin de la dictadura y la vuelta de la Democracia, el estilo de Miguel Abuelo hace añicos la seriedad que tenía el rock argentino hasta entonces. En medio del éxito la banda sufre varias deserciones, como la de Andrés Calamaro que emprende su carrera en solitario.
Miguel Abuelo mientras tanto editó “Buen día, día”, un nuevo y postergado disco solista, y Los Abuelos de la Nada regresaron con una formación con “Cosas mías”, un proyecto que comenzó a truncarse por la frágil salud de artista.
Miguel Abuelo murió a causa de complicaciones derivadas de una operación de vesícula, cuando tenía apenas 42 años recién cumplidos, el 26 de marzo de 1988.