¡Hola amigos! Seguimos de cuarentena, luchando para vencer al enemigo invisible que nos amenaza a todos por igual. Y, aunque nos quedemos en casa, seguimos con más historias sobre la historia de nuestro querido barrio.

Hoy nos toca una de superación, de esas que nos enseñan a no desanimarnos ante los contratiempos, a levantarnos después de caer, a tratar de hacer realidad nuestros sueños, a mirar la vida con optimismo a pesar de los contratiempos y a nunca abandonar nuestras metas.

Esta historia ocurrió unos 60 años atrás y hoy, con las fronteras de casi todo el mundo cerradas por el coronavirus, sería imposible de replicar. Es sobre el viaje soñado de dos vecinos de nuestro barrio que se embarcaron con un objetivo increíble: llegar en carreta desde Lomas de Zamora hasta Nueva York. ¿Lo lograron? Veamos...

Los protagonistas, dos amigos llamados Juan Losardo y Horacio Lozano, no tenían ningún tipo de experiencia en viajes largos y mucho menos en el tipo de vehículo que eligieron. Sólo contaban con la ayuda de dos fieles caballos llamados Bocha y Piba. ¿Su objetivo? Que la ruta Panamericana fuera renombrada como Nuestra Señora de La Paz.

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El 12 de mayo de 1958, los vecinos salieron desde la Plaza Grigera por la actual avenida Hipólito Yrigoyen hasta el Congreso de la Nación, punto de partida oficial de la travesía por ser el kilómetro 0 de la Argentina. En Lomas los despidieron el recordado monseñor Alejandro Schell y el por entonces intendente Adrián Boffi. Superados los primeros inconvenientes, los amigos lomenses tomaron la avenida General Paz rumbo al norte, con la brújula enfocando a la Gran Manzana. Lógicamente, la hazaña de Losardo y Lozano fue contada por todos los diarios de la época y su difusión ayudó para que los amigos soñadores recibieran el necesario apoyo económico de las autoridades.

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Sin embargo, al salir del país empezaron los problemas: en Bolivia no les permitían cruzar con caballos, en Perú excedieron el plazo de estadía para extranjeros y en Colombia un grupo de ladrones intentó asaltarlos a punta de pistola. Siguieron adelante, porque de eso se tratan los sueños. Pasaron Panamá, Honduras, Costa Rica y Nicaragua.

Finalmente, en Guatemala, muy cerca de la frontera con México, el desgaste personal (Losardo se enfermó de fiebre tifoidea, tuvo que ser internado y luego traído de vuelta al país) y de los animales (llevaban dos años y medio en la ruta) los obligó a terminar la odisea. Lozano se quedó un tiempo más para ubicar la diligencia y a los caballos, que encontraron un nuevo hogar.

Es cierto que, al no haber llegado a Nueva York, el objetivo de los amigos no se completó, pero vivieron una historia increíble para contar. ¿Quién les quita lo viajado?