Por una cuestion de edad, no había podido ver lo mejor de Maradona. Ronaldinho, Ronaldo (el Gordo) y Zidane habían llenado mis ojos en mis primeros 18 años de vida. Hasta ese momento nunca había visto en tiempo real a un futbolista hacer lo que el francés había hecho contra Brasil en el Mundial de Alemania, el mismo Mundial en el que Messi terminó sentado en el suelo (ni siquiera en el banco).
Mi manera de ver el fútbol cambió completamente en la semifinal de la Copa América de Venezuela 2007. Ese día solté el primer "naah, no puede ser" de tantos que vinieron después. Leo definió por arriba del arquero mexicano con una vaselina y una naturalidad que me enamoraron para siempre. Ahí entendí que estábamos frente a algo fuera de lo normal.
Desde ese día me convertí en hincha de un futbolista, si es que se permite esa figura. Empecé a ver al Barcelona como si fuera el club del cual me regalaron una camiseta de chiquito, empecé a sufrir partidos de la Liga contra la Real Sociedad, el Sevilla o el Real Madrid. Revoleé insultos contra Donnarumma por su error en el Bernabéu que dejaba afuera de la Champions al ¡PSG! y, obvio, del Inter Miami desde la cuna. Siempre recuerdo hasta como ridículo que vi los 90 minutos de un partido del Apoel de Chipre. Y sí, por Messi.
Ser hincha de Messi me hizo emocionarme con su enorme salto contra el Manchester United en la final de Roma, entristecerme con eliminaciones de Champions y gritar un gol desaforado contra el Real Madrid. Alguna vez un amigo, en pleno Lanús - River, me dijo que era capaz de ponerme triste porque perdía el Barcelona contra el Real Madrid aunque Lanús ganara en el Monumental. No niego ni afirmo.
Messi le mostró su camiseta a los hinchas del Real Madrid en el Santiago Bernabéu.
Sin embargo, lo que era todo satisfacción con la camiseta del Barcelona era todo frustración en la Selección Argentina. Dolió cada maliciosa comparación con Maradona en cada derrota contra Alemania, dolieron las lágrimas en el Metlife, el mismo estadio en el que jugará esta tarde, y en el que renunció hace 10 años. Dolió cada derrota en Mundiales, porque el tiempo jamás detiene su marcha y se iban terminando las oportunidades. Qué injusto hubiese sido que se fuera con las manos vacías.
Mirando en retrospectiva, ya estaba hecho con la Copa América de Brasil. Messi campeón en el Maracaná. Listo, se había sacado la espina. Se daba el gusto de ganar algo con la Selección. Pero todavía había más. Llegó Qatar. ¿Qué decir? Podría decir que mi sueño era ver a la Argentina campeón del Mundo, pero en realidad siempre fue por Messi, por ese por el que sufrí, por el que me alegré y por el que discutí siempre con sus detractores que afortunadamente cada vez fueron menos. Les ganó a todos, hasta los más Maradoneanos se rindieron ante Leo. Incluso, confieso que la única manchita que tuvo la final con Francia fue que no haya terminado 3 a 2 con su gol.
Tampoco voy a decir que yo, como "messista de la primera hora", imaginaba el pedazo de Mundial que hizo (y hace) a los ¡39 años! Cuando terminó el Mundial de Rusia, creía que Messi tenía que reconvertirse para jugar el de Qatar, en una especie de Luka Modric, parado al lado del 5. No sólo llegó voraz y en su mejor versión a Qatar sino que en Estados Unidos sigue desbordando por la derecha como a los 20 años. Superó completamente mi capacidad de asombro.
No sé qué habrá después de Messi en la Selección, ni hablar después de que deje el fútbol. Creo que tendré que buscar otro deporte, cancelar el pack fútbol y empezar a hacer planes sociales los domingos. Realmente no sé si se le podrá seguir llamando fútbol.
El mejor registro goleador de Messi en Mundiales es a los 39 años.
Que este último baile sea como lo soñó Leo, como tal vez lo haya soñado la abuela Celia, la gran responsable e impulsora de lo que fueron los 22 años más maravillosos de la historia de este deporte y a quien él le dedica cada uno de sus goles, con su inconfundible gesto de señalar al cielo.
Hoy será inevitable llorar, pase lo que pase. Que el centro con la pierna derecha a Lautaro Martínez en el ya épico gol a Inglaterra no haya sido la última maravilla del genio más grande que dio este deporte. Una más, Leo. Pero para vos. A nosotros ya nos diste todo.