Norberto Peluzzi es uno de los vitalicios que recibió el llamado del club en los últimos días, en el marco de una iniciativa por la cuarentena. En diálogo con La Unión, repasó su vida junto al Gasolero y el barrio.
Norberto Peluzzi vivió una vida junto al Gasolero.
Norberto Peluzzi vivió una vida junto al Gasolero.

Acorde a la canción de cancha, Norberto Peluzzi aprendió algo de chico en relación a Temperley y no se lo olvidó más: “quererlo hasta morir”. Con esa premisa, lleva 72 años como socio, un rato largo ya como vitalicio pero, sobretodo, un profundo sentimiento por el club de sus amores.

Su historia se ganó un lugar en La Unión porque, en los últimos días, fue uno de los primeros Gasoleros que el club contactó a partir de una iniciativa del Departamento Social y Solidario. Con la idea de estar cerca de ellos y saber si precisan algo, los voluntarios del área iran comunicándose con cada uno. Y algunos como Norberto tendrán más de una historia para contar.

“Yo nací en el ‘48 y me hice socio a los nueve años. Vivía a cuatro cuadras de la cancha e iba al Colegio Belgrano. Cuando salíamos de la escuela, nos metíamos en el club y estábamos todo el día ahí. En ese momento y por las mías -porque a mi viejo no le interesaba mucho el fútbol- me hice socio y nunca más me fui”, relató.

En ese camino hasta el día de hoy, jugó a la pelota paleta (tan popular en el Celeste durante muchos años), integró distintas comisiones directivas, participó de construcciones en varios sectores del predio y la cancha y, desde ya, alentó en las tribunas. “A los 43 años ya era vitalicio. Debe ser un récord. Temperley es mi segunda casa, ahí pasé la mayor parte de mi vida. Me crié, hice amigos, se fueron muriendo algunos amigos, otros empezamos a dejar de ir a la cancha por la edad pero llevamos esto en la sangre. Yo le trasladé la pasión a mi hijo y hoy en día le pagó la cuota a mi nieto religiosamente. Es un fanatismo para toda la vida”, explicó.

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"Temperley es mi segunda casa, ahí pasé la mayor parte de mi vida"
Temperley es mi segunda casa, ahí pasé la mayor parte de mi vida

En tantos años junto al club y dentro de una sociedad que fue mutando, Norberto vivió cambios generacionales que también influían en la vida institucional. “Muchos no lo saben pero en Temperley se practicaba esgrima. Era algo raro porque era una disciplina más para gente privilegiada pero recuerdo haber ido a ver las practicas. Yo era más de la pelota paleta y muchísima gente venía a jugar ese deporte. Incluso Alejo Escos jugaba muy bien”, indicó.

Justamente este ídolo de la historia Celeste supo tener una relación de amistad con Norberto y hasta una anécdota risueña que hoy conoce la luz. “El último año que jugó en Temperley, yo estaba en la CD. Lo conocía de pibito y un día vino a casa y me dijo que le iban a quitar el auto, porque debía patente y no tenía como pagarla porque el club le debía dinero. No teníamos de donde sacar plata así que con tal de que se quedara me hice cargo de la deuda. Así logré que juegue un año más y después el club me devolvió lo que había puesto de mi bolsillo”, contó.

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Y agregó: “Como jugador todo el mundo lo recuerda y yo digo que si se hubiera cuidado hubiera sido el Maradona de Temperley. En el recuerdo de los viejos está muy presente, era un crack total. A mí me gustaría que su nombre tenga otro lugar porque fue un pibe del club, del barrio, que nos dejó un gran recuerdo. Ahora vive en Estados Unidos y cada vez que viene nos visita”.

Hoy el Gasolero es un club con una gran infraestructura, miles de socios, anhelos de Primera  y un buen pasar pero, desde ya, no siempre fue así. “Antes no había un mango y el fútbol del ascenso se concebía de otra manera. Yo recuerdo que los jugadores vivían cerca de la cancha: almorzaban con la familia, iban al vestuario, se ponían la camiseta y jugaban. Y a otra cosa. Hoy veo un club enorme, gente de Temperley por todos lados, es otra cosa”, señaló.

Y también tiene en su mente aquella jornada tristemente histórica por el cierre y la quiebra. “Lo de la quiebre fue dolorosa. Fue la peor noche de mi vida. Estábamos cenando enfrente del club y nos enteramos la resolución y no lo podíamos creer. Pasar y verlo completamente a oscuras me dolió muchísimo. Si no fuera por Edith (Pecorelli) y todos los que colaboraron para restaurar la institución, hoy el club seria parte del Colegio Belgrano o, quizás, un supermercado”, remarcó Peluzzi.