Antes de que empieces con tu batería de preguntas sobre el Año Nuevo y sobre cómo terminamos de pasar las dichosas Fiestas, te gano de mano y te cuento. Podés guardarte tus preguntitas, querida, y ya sabés dónde.

Dale, reíte nomás y hacete cargo de que te adiviné tu intención. Bueno, te cuento. Bastante bien la pasamos, por suerte. Y por suerte se terminaron este plomo de las Fiestas. Ah, sí, sí, sí, todo muy lindo, pero es muy cansador, muy agotadora esta historieta de las Fiestas, ¿viste?

Si querés que te cuente no me interrumpas con chistes, no te hagás la canchera. Retomo, bueno como te había contado, nos juntamos con mi hermana y su marido, con ellos que son tan raros, que se hacen los copados y los modernos, todo para llamar la atención y medio que para llevarme la contra a mí, que me tratan como a una anticuada.

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Claro, son estos dos que se les da por no comen carne y no toman alcohol ni para brindar, escuchan música extraña y leen esos libros que no se entiende nada de nada, creo que ellos tampoco los entienden.

Son así ellos dos, hasta se van de vacaciones a los lugares más extraños del mundo, todo para figurar y cargarme a mí que conozco sólo la Costa.

¿Y los chicos? Bueno, los chicos los adoran, es la verdad. La nena es repegote con ellos y se volvió vegetariana por culpa de ellos que le llenaron la cabeza con esta historia, además se sienta a escuchar sus historias como si estuviera viendo una película en la tele. Se que queda fascinada la pobre con lo que le cuentan.

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El mayor, otro tanto, aunque a éste no lo hicieron vegetariano al menos, éste come de todo. Pero también se copa con mi cuñado y sus historias de gente extraña, tan extraña como ellos, ¿viste?

Además, se copan los dos a hablar de música, de esas bandas de los ’60 y los ’70 y los músicos que viven en el traste del mundo y que los conocen ellos solos, todo muy raro, demasiado para mi gusto.

¿Si se borraron los chicos 12.05 como en Navidad? Nada que ver, esta vez la nena en lugar de irse a dormir después de brindar se quedó parloteando con mi hermana hasta no sé qué hora y el otro tampoco se rajó con los amigos y se sumó a la charla con mi cuñado, los cuatro hablando de sus cosas y yo como una otaria lavando los platos. ¡Hasta mi marido se prendió con ellos!

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¿Qué me puse celosa? Para nada, querida, mi marido me dice que es lógico, que se ven identificados en sus tíos locos y que por una cuestión de generaciones los padres serán siempre unos plomos, que son cosas de la adolescencia.

Y bue, es lo que hay. ¿Te conté que en la segunda de enero nos vamos a San Bernardo? Perdón, no sabía que te lo había contado mil veces, dale reíte de mí, pero Samber tiene lo suyo.