La Unión | SOCORRO

Hogar, ¿dulce hogar?

socorro.

Si, en casa. Si ya sabés que si te llamo al fijo, es porque te llamo de mi fijo y de mi casa. No te pases de cancherita, con amigas como vos?

¿Querés que te cuente?, te cuento entonces. La cosa es que fuimos una semanita a una quinta en San Vicente, todo lindo la verdad, y por insistencia de los chicos, hicimos una mini escala en la Costa. Ahora, todos en casa.

¿Y ahora?, ¿Qué por lo menos tengo la pile?, Ah, para que te sigo contando, aunque sea la misma historia de siempre?

Te había dicho que antes de irnos afuera, la más chica y el más grande medio que negociaron con el padre y conmigo que invitaban un amigo de cada uno a pile, con la distancia social y todo. Son insoportables, pero se cuidan. 

La cosa es que armaron un cronograma para todos los días, cada días dos nuevos, y así sucesivamente. 

La cuestión que es que no me da estar en el medio de las chicas y de los chicos, parece que una está parando la oreja de lo que hablan. Encima los padres los mandan bien temprano y los vienen a buscar bien tarde. 

O sea, se los sacan de encima y se los enchufan la hija de la pavota. La cuestión es que para darme un chapuzón tengo que madrugar, insólito. 

Pero bueno, me puse firme con los dos: el fin de semana no viene nadie a casa y que la pasemos en familia. Lo senté a los dos y les canté las cuarenta, además los pibes que vienen tienen más hambre que el Chavo, me vacían la heladera. 

Raro, pero me dijeron que sí los dos, sin protestar. Pero pasó lo que tenía que pasar, la más chica me dijo que se acordó que ya había quedado con una amiga, que lo había arreglado de antes y que quedaba mal decirle que no. Todo con cara de cordero degollado.

Al toque cae el grandulón del hermano con una historieta similar, más cantado que "Despacito" que se habían confabulado. Como le dije que si a la hermana, le tuve que dar el OK también. 

¿Qué al menos queda el domingo? Ni ahí, qué esperanza. El domingo se autoinvitaron mi hermana y mi cuñado, me lloraron la carta que viven en un departamento y bla, bla, bla. Encima mis hijos están felices de la vida porque con ellos tienen buena onda, son dos pendeviejos que se llevan bien con sus sobrinitos malcriados. 

¿Y ahora qué?, voy a hacer la danza de la lluvia y que no haya pile para nadie, mi casa tampoco es un club. 

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