Hace unos días contábamos por acá que los olfas siguen siendo olfas a la distancia, el universo virtual no los apichona. Con los payasos pasa lo mismo o ¡peor!

¿Quién no tiene al menos a un payaso en su clase?, no lo pienses más porque sabés que sí, siempre hay ejemplares de graciosas o graciosos en todas las aulas patrias.

Esa clase de alumnos con un chiste siempre listo para ser disparado en el momento oportuno o en el menos oportuno posible.

De esos que son grandes imitadores o que les hace morisquetas a sus compañeros para que se tienten, en especial si están exponiendo en el frente.

Cómo dijimos la modalidad de clases a la distancia en tiempos de cuarentena no es un motivo para que dejen de hacer de las suyas y el zoom es un buen lugar para seguir con las payasadas.

Ahí estarán al acecho para poner sus tradicionales caritas graciosas para que los demás estallen en una risotada generalizada desde sus respectivas casas.

También aparecerán con atuendos para llamar la atención, como con un sombrero extraño, una nariz roja o lo que se te ocurra con tal de seguir siendo el centro de atracción del aula virtual.

Tampoco de privarán de arremeter con sus chascarrillos, esos que son su marca registrada y que nunca fallan, esos chistes ya están testeados y el margen de error es mínimo, casi inexistente.

La cosa es aún peor cuando se multiplican los humoristas y todos quieren ganarse el rótulo de ser el más chistoso. También pueden aliarse, lo que puede ser todavía más grave y difícil de controlar.

De todos modos y en el contexto que todos estamos atravesando, su existencia sirve para romper el hielo y aflojar ciertas tensiones.

Superlógico que el resto de sus compañeros están esperando que se manden alguna, con una complicidad histórica de la casi todos son parte, incluso los más seriecitos y callados.

Esta propensión a la payasada, no los convierten en malos alumnos o irrespetuoso, ni ahí. Luego de haber hecho su gracia y con un llamado de atención, suelen entender que el juego terminó y que es suficiente por esa jornada. Incluso si están muy cabizbajos, son un motivo de preocupación al no mostrar humor habitual.

De todos modos y en el contexto que todos estamos atravesando, su existencia sirve para romper el hielo y aflojar ciertas tensiones.

En el aula o apareciendo onlie, las payasas y los payasos siguen vigentes, un poco está bien, pero sólo un poco, ¿eh?