Soda Stereo en una disco de Temperley

DE PUÑO Y LETRA. Nadie imaginó que aquellos tres jóvenes de peinados raros iban a conformar la banda más importante de Latinoamérica.

Saben ustedes, queridos amigos de La Unión, que soy un fanático de la música. Es uno de mis tantos cables a tierra, quizás el que me acompaña desde hace más tiempo. Tengo mi banda -Lapeband- y disfruto mucho componiendo y grabando. Pero lo que más placer me da es estar sobre un escenario, tocando en vivo. La conexión que logro con mis compañeros y con el público es única. 

Me encantan los conciertos. Ojalá pronto se termine la pandemia y podamos volver a disfrutar de música en vivo, ya sea en un estadio o en el barcito de la esquina. 

Hoy, justamente, les quiero contar la historia de un recital. El de una banda legendaria, de esas que trascendieron fronteras y aún hoy siguen sonando en todos los rincones del país: Soda Stereo. "¿El último concierto?", se preguntarán. No. No fue en la cancha de River, ni en ningún lugar conocido: fue en Temperley.

Pocos vecinos deben saber que Soda estuvo en el barrio cuando la mítica banda recién comenzaba a hacerse conocida. Fue un show impresionante en la recordada disco Le Paradis de la avenida Meeks al 1000, el boliche más popular de la época, el 26 de octubre de 1985.  

Aquella noche mágica, el trío formado por Gustavo Cerati, Charly Alberti y Zeta Bosio presentó su primer disco homónimo. Su repertorio incluía varios temas para bailar, lo cual les permitió entrar rápidamente en el circuito de bares y boliches de Buenos Aires y alrededores. Viéndolo a la distancia, se trató de una verdadera revolución: hasta ese momento, el rock nacional había sido música para escuchar en teatros, auditorios o en una habitación. Pero en aquella década, grupos como Soda, Los Twist y Virus trajeron al país los acordes que más sonaban afuera y cambiaron para siempre nuestro rock. La gente, además de escuchar, ya podía divertirse y bailar. La de Cerati era una banda compatible con la música de los DJ. 

Me gustaría mentirles y decirles que fui uno de los pocos afortunados que aquella noche estuvieron en Le Paradis. Podría haber pasado: ya era vecino de Banfield y amante del rock and roll. Pero fueron muy pocos los lomenses que pudieron escuchar a Soda en Temperley. Ninguno se imaginaba que aquellos tres jóvenes de peinados raros iban a conformar la banda más importante de Latinoamérica y un pedazo enorme de la historia del rock argentino. 

A 11 años de que Cerati sufriera el ACV que lo dejó cuatro años y medio en coma, (terminó muriendo el 4 de septiembre de 2014), aprovecho para rendirle homenaje a una verdadera leyenda de nuestra música: ¡Gracias... totales! Hasta la semana que viene. 

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