Una larga caminata por un pueblo durante unas vacaciones de verano me dejó perdido a un costado de una solitaria ruta. El calor llegaba a niveles extremos, la cabeza me hervía y los nervios jugaban en contra. Entre tanto desconcierto escuché un ruido que quebró con tanta pasividad y, al darme vuelta, vi un auto que se acercaba a toda velocidad levantando más polvo del que ya había en ese rocoso camino. Cuando frenó a pocos metros, noté que era un antiguo Cadillac Eldorado conducido por un hombre con sombrero panamá fumando un cigarrillo con boquilla. Se presentó como Doctor Thompson y me dijo que subiera. No tenía mucha alternativa así que acepté y juntos comenzamos a recorrer largos kilómetros por un desierto rodeado de montañas con colores que iban del rosa al gris.

A lo largo de ese caminos vimos los valles donde se cultivan cereales y a los campesinos que criaban a sus animales. Lo más deslumbrante era el todo el paisaje de mesetas, praderas y las altas montañas.

El doctor -insistía que lo llame así- me comentó que en el invierno todo estaba cubierto por la nieve pero para eso faltaba y que ahora había que bancarse el calor. Y era cierto, la temperatura era altísima pero gracias a la radio del auto y el entusiasmo del conductor, todo se hacía más soportable. “La música para mí es una cuestión de energía, una cuestión de combustible y yo soy un consumidor nato”, me decía mientras escuchábamos canciones de Jefferson Airplane y Norman Greenbaum.

A lo largo del viaje, Thompson me contó sobre su candidatura en un pueblo donde prometió prohibir que haya edificios tan altos que escondieran el paisaje montañoso, comentó sus vivencias con un grupo de motociclistas “sucios y forajidos” y también recordó las experiencias junto con su abogado, un tal Óscar Zeta Acosta, alias Gonzo.

Luego de encender un cigarrillo y sacarse el sombrero para dejar al descubierto su frente, decidió que era tiempo de parar en una estación de servicio para cargar nafta y comprar algo para comer.

Al poco tiempo ya era de noche y mientras en la radio sonaba un tema de Howlin’ Wolf, Thompson me dijo que la historia juzga a los hombres en función de sus héroes y que para él, muchos de sus héroes eran músicos. Ante mi gesto de aprobación, sonrió y prendió otro cigarrillo.

Luego llegamos a la ciudad y, antes de bajar del auto, el doctor se despidió con un consejo, recordatorio u otra de sus frases inesperadas: “Nunca olvidés que venís de una larga lista de buscadores de la verdad, amantes y guerreros”. No creo que vuelva a encontrarme con el tipo del Cadillac pero siempre que escucho a Bob Dylan o Miles Davis recuerdo ese largo recorrido lleno de enseñanzas.