Carlos Cuña le dedicó su vida al cliente. Reconocido por su bondad, el comerciante dijo: “Mi trabajo lo hago con amor y no por obligación”.
Carlos aseguró que seguirá al frente del almacén hasta que su cuerpo se lo permita, ya que al comercio lo considera parte de su ser.

Almacén de barrio, como los de antes y como los que ya casi ni se vislumbran en las calles. Carlos Cuña, un comerciante lomense, es diferente y mantiene la esencia de la solidaridad, la bondad y el compromiso hacia los vecinos y clientes. Un hombre de 66 años que dedicó gran parte de su vida al contacto permanente con la gente, convirtiendo su espacio en mucho más que un comercio, a tal punto de ser distinguido como Orgullo de Ser de Lomas.

Parado, detrás del mostrador, agarra un caramelo de menta que tenía dentro de un frasco de vidrio y se dispone a contestar las preguntas de la nota, mientras también atiende a algún que otro cliente: “Me siento afortunado porque mi trabajo lo hago con amor y no por obligación, pese a ya estar jubilado. Hasta que el físico me dé voy a continuar, es parte de mi ser”.

Cuando se lo consultó por su relación con los vecinos, no dudó en agradecer: “Gracias a ellos vivo y me dan la posibilidad de seguir evolucionando, como comerciante y como persona”. Además, manifestó que posee muchos amigos y conocidos que se acercan al almacén para hacerle compañía y charlar de todo, pero en especial de fútbol e Independiente.

“Carlos es como un hermano, muy compañero y solidario. Vengo desde que abrió”, comentó Olga Rodríguez, una de las clientas más fieles del ‘Almacén de Carlitos’. Por su parte, Mariel Ferro, otra vecina que frecuenta el comercio, agregó: “Carlos ocupa un lugar fundamental, su negocio es un punto de encuentro. Le agradezco por su calidad humana”.

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Seguirá al frente del almacén hasta que su cuerpo lo permita.

El hombre admitió que Ana, su segunda esposa y con quien convive, lo ayuda en el almacén, específicamente con la tecnología (“no uso celular, nunca me interesó aprender”, dice Carlos) y con la parte administrativa. “Me enorgullece la constancia y el empeño que le pone, su mente está en el negocio porque es su amor”, aseguró Ana al hablar de la vida que lleva adelante su marido.

“Tengo una relación muy afectiva con una mujer a la que le brindé mi ayuda durante muchísimos años, económica y afectiva. Me pagaba cómo y cuándo podía. El día que me entregaron el premio de Orgullo de Ser de Lomas me regaló un cuadro en agradecimiento”, recordó emocionado Carlos, como una de las anécdotas más valorables que tiene en todos sus años como almacenero. Tuvo su coronación con la entrega del reconocimiento local más importante.

Acerca de su mención recibida de parte del Municipio, Carlos no ocultó su satisfacción: “Significó muchísimo para mí, es un reconocimiento a tanto esfuerzo. Una de las mejores cosas que me pasó en la vida fue esta premiación, hasta los vecinos me acompañaron al teatro”.

UNA VIDA DEDICADA A LA ATENCIÓN AL PÚBLICO. “Empecé a trabajar como cadete en una pinturería en Avellaneda cuando tenía 15 años y desde ese momento no paré nunca más”, recordó Carlos sobre sus primeros pasos como empleado, luego de la decisión de no seguir con los estudios secundarios.

“Tengo una relación muy afectiva con una mujer a la que le brindé mi ayuda durante muchísimos años, económica y afectiva. Me pagaba cómo y cuándo podía.", dice respecto a una clienta.

“A los 22 años me mandaron a Lomas como encargado de una sucursal, ubicada en Boedo e Yrigoyen. En 1978 me fui a Liniers y dos años más tarde volví al barrio, ya dándome cuenta que las pinturerías empezaban a cerrar por la crisis económica”, siguió contando, para después enfocarse en lo que terminó siendo su pasión: el almacén.

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En ese momento, Cuña se enteró de la existencia de una despensa con mucho movimiento, ubicada a metros de lo que hoy es su almacén, la cual vendía el fondo de comercio. Con sus ahorros, decidió invertir en ello. “Así empecé con el almacén, alquilando el lugar, y con la actividad que actualmente me da el sustento. Estuve 20 años en esa condición”, indicó el hombre, agradecido por la decisión tomada en su momento, un poco por instinto y otro poco por la necesidad de no quedarse sin trabajo.

“Hace 19 años que estoy en este lugar, ya que el dueño me ofreció ser propietario de la mitad del terreno. Empecé con el negocio y después construí mi vivienda arriba”, sentenció el hombre, padre de tres hijas.

“Hace 19 años que estoy en este lugar, ya que el dueño me ofreció ser propietario de la mitad del terreno. Empecé con el negocio y después construí mi vivienda arriba”, cuenta.