Nacido como Ezequiel Bertucci, lleva más de una década de labor como animador de eventos y comenzó a hacerlo desde su balcón y ahora ofrece su propuesta a través de Instagram.
"Me las tuve que ingeniar", dice.

Ezequiel Bertucci, más conocido como Chipi, es una suerte de “Bruce Wayne” en su cotidianidad en el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) y luego se transforma en “Batman” en su labor de animador de eventos.

En plena cuarentena y con los eventos en un horizonte lejano, Chipi comenzó a despuntar el vicio adaptándose a las circunstancias que nos tocan vivir.

“Por un chiste que me contó una amiga por el video que se hizo viral de un DJ, me dijo: ‘¿por qué no te animás a animar a tus vecinos desde el balcón?’. Recién me mudaba a Banfield y como tengo todos los equipos, empecé desde el primer fin de semana de la cuarentena”, le cuenta a La Unión.

“Avisé que iba a ver un show los sábados media hora antes del aplauso a los médicos y la gente se reprendió. Estoy acostumbrado a animar tet a tet y me las tuve que ingeniar para hacerlo a la distancia”, explica.

“El Show del Balcón” tuvo una gran repercusión desde su balcón del piso 12 en la calle Vergara, frente a la estación de Banfield. “Avisé que iba a ver un show los sábados media hora antes del aplauso a los médicos y la gente se reprendió. Estoy acostumbrado a animar tet a tet y me las tuve que ingeniar para hacerlo a la distancia”, explica.

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Ante la llegaba de temperaturas menos amables, “El Show del Balcón” se reconfiguró en “La Hora de Chipi”, que se realiza puertas adentro y a través de su cuenta de Instagram.

“Invitó a otros animadores, a magos, todos la distancia. También juego con la gente y entrego premios, gracias a empresas que sumaron su granito de arena. Jugamos por algo para que tenga la gracia de una competencia”, acota.

Chipi paso buena parte de su vida en Temperley, luego de mudo a Capital y desde hace poco tiempo regreso a la región, para instalarse en Banfield.

Anima eventos desde los 17 años.

MEMORIAS DE UN ANIMADOR

A sus 29 años, tiene más de una década como animador y muchas historias para contar, como el infaltable “Tío Borracho” de cada fiesta familiar.

“Arranqué a los 17 en una empresa y desde el 2011 lo hago por mi cuenta. Empecé animando para chicos y ahora lo hago sólo para adultos. Con los chicos es diferente, el período de atención es más corto y tenés que tener entretenidos a todos”, apunta.

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Con los adultos maneja otras estrategias. “Yo soy como un titiritero. Lo  que tengo que hacer es que jueguen entre ellos y yo manejar esos hilos”, señala.

Al margen de momentos graciosos, como tener que cumplir una animación al mediodía con una indisimulable resaca de la noche anterior, su trabajo lo puso cara a cara con momentos de alta emotividad.

“Estoy muy orgulloso de algo que me pasó en una fiesta de Adrogué. Animé la fiesta de un papá que perdió a su hijo en Cromañón y en un momento su hija me vino agradecer que había logrado que se olvide de eso por un momento”, recuerda.

En otra de sus aventuras, también “trabajó de cura” para casar a unos amigos y nuevamente fue contratado para ponerse la sonata en otra boda.

También atesora una serie de animaciones a la mañana y en una empresa, donde nadie está muy predispuesto a soltar una sonrisa. “También hago corporativas. Me tocó en 2018 en parte de alimentos de Pepsi Co animar los cumpleaños, que los hacen todos juntos una vez por mes. Fue un desafío muy divertido y después me llamaron para la fiesta de fin de año”, cierra.