“El muerto y ser feliz”, protagonizada por el actor español, narra las aventuras de un sicario que escapa e un hospital sin un rumbo definido.

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José Sacristán es el protagonista de “El muerto y ser feliz”, una infrecuente road movie rodada bajo la lente de Javier Rebollo, que llega hoy a las salas argentinas, y en la que se pone en la piel de un sicario moribundo que “huye de la muerte, al mismo tiempo que corre hacia ella”.

El veterano actor español, muy recordado en el país por su papel en el film “Un lugar en el mundo”, de Adolfo Aristarain y sus añoradas películas ibéricas, interpreta a un asesino a sueldo español que habita en la Reina del Plata, y un día toma conciencia, en la última planta del Hospital de Clínicas, de que se está muriendo a causa de tres tumores.

Al tomar noción de que sus días sobre la tierra se agotan, “Santos” (el nombre el personaje) escapa del nosocomio muñido de un cargamento de pequeñas dosis de morfina, acepta un último encargo como sicario que no cumple y, con ese dinero, toma su camioneta y emprende una fuga sin un rumbo definido, un viaje de más de 6.000 kilómetros a través de las rutas argentinas, a través de distintos paisajes y pueblos.

El film se rodó entre mayo y junio de 2011 en exteriores e interiores en las provincias de Buenos Aires, Rosario, Santa Fe, Córdoba, Santiago del Estero, Tucumán, Salta y Jujuy.

Además del protagonista de “Solos en la madrugada”, el reparto de la película lo completan Roxana Blanco y el crítico uruguayo Jorge Jellinek.

“El muerto y ser feliz” es una película de carretera, una suerte de una roadmovie, pero también tiene tintes de un policial negro con pinceladas de una comedia fundada en el absurdo que toma los clichés de esos géneros para deformarlos, y sacarles así cualquier dosis de seriedad