Días antes del anuncio de la cuarentena tuvieron inconvenientes con sus familias, los echaron de sus casas y quedaron a la deriva. Un grupo de vecinos de Turdera gestionó su recepción y hoy viven en las instalaciones del club.
Néstor, Andrés y Matías quedaron en la calle durante la cuarentena.
Néstor, Andrés y Matías quedaron en la calle durante la cuarentena. El Alumni los recibió.

La cuarentena y el aislamiento tienen la particularidad de atravesar a muchas personas de una manera similar: sin el contacto cercano con los suyos. En ese contexto, aparecen historias como las de Néstor, Andrés y Matías, tres jóvenes que quedaron varados y en la calle, y hoy se encuentran alojados en el Club Alumni de Turdera.

Una vez más, las instituciones barriales debieron “calzarse el overol” y ponerse al frente de casos delicados. Esta vez, el presidente Maxi Abbruzzese junto a Pedro Musso, Noelia Benítez, Diego De Marco y Nora Ovelar, todos vecinos de Turdera, decidieron recibir en el club a este grupo de hombres sin hogar, darles comida, una cama, una ducha caliente, ropa y la atención de una enfermera que verifique su estado de salud. “Por diversas situaciones delicadas, los tres quedaron en la calle y, a través de los chicos con los que tomamos esta iniciativa, tratamos de coordinar para estar siempre atentos a lo que vayan precisando en estos días”, contó Maxi.

A modo de agradecimiento, los tres hombres se ofrecieron a dar una mano en lo que el club necesite. “Ahora que empezó el otoño barren las hojas, o sino pintan las tribunas, mantienen la limpieza del club. Salió de ellos darnos una manos ya que son súper agradecidos y también porque es un esparcimiento para su cabeza. Después de la rutina de bañarse, comer y lavar ropa, les queda el día libre y, si bien aprovechan para hacer ejercicio, también quieren colaborar con el club”, valoró el presidente.

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Sus historias reflejan la crudeza de quedar en la calle y lo importante que fue haberse encontrado con este grupo de vecinos solidarios y con un club de puertas abierta que les diera un lugar para sobrepasar estas semanas de “parate social”.

LAS HISTORIAS. Matías es de Llavallol y por un conflicto familiar quedó en la calle unos días antes de que se decrete la cuarentena. Una vez iniciada la misma, sus parientes no quisieron recibirlo y ya no tuvo a donde ir. Su periplo comenzó en los bosques de Santa Catalina. “Estaba frente al cementerio: sucio, mal psicológicamente, fue muy duro. Un grupo de amigos me armaron una covacha con ramas para pasar las noches, me dieron comida y algunos días me podían prestar una cama o un colchón, un lugar para bañarme pero seguía en la calle. Empezó el frío, la lluvia, había mosquitos y se hacía muy difícil cada noche”, empezó.

“En la fábrica Canale hay un montón de semis que dejan los camioneros. Me acobijé en uno que encontré abierto y dormí unos días ahí. Un camionero muy amable me explicó que solía dejarlo abierto a la noche para la gente que no tiene donde dormir”, contó.

Durante esa estadía, apareció el contacto con el Alumni y se dio su llegada al club. “Me abrieron los brazos de una manera increíble, dándome su confianza sabiendo que adentro el club hay cosas de valor. Acá me puedo bañar, tengo un equipo de música, hay televisión, una cocina. Yo estaba en una situación muy fea y ahora estoy muchísimo mejor. Estoy eternamente agradecido a todos los que me ayudaron a entrar al club”, resaltó.

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El testimonio de Andrés y Néstor, dos hermanos marplatenses, también da cuenta de un recorrido por distintos lugares buscando la ayuda que no encontraron en el espacio familiar. “Vinimos a Buenos Aires hace dos meses por trabajo y paramos en la casa de un pariente. Hubo una discusión y quedamos en la calle cuando arrancó la cuarentena. Pasamos unos días en la Estación de Calzada sin saber qué hacer hasta que contactamos a unos amigos y nos mandaron al Club Temperley donde pudimos comer algo (desde que se inició el aislamiento, el club aloja de forma permanente a más de 30 personas en situación de calle). Ahí se dio la chance de venir al Alumni y desde ya que lo aceptamos”, contó Andrés.

En su caso, también se mostraron agradecidos “por el techo, la comida y la atención que nos dan a diario”. “Es algo mutuo porque nosotros estamos ayudando al mantenimiento y sentimos un agradecimiento total con el club y la gente que nos recibió. Es horrible lo que pasó con nuestras vidas desde que llegamos a Buenos Aires, no se lo deseamos a nadie. Teníamos pensado otro futuro y esto hizo que se nos cayeran muchas cosas”, agregaron.

El detalle es que, en su honesto pedido de ayuda, los tres resaltan que lo que más quieren es empleo. “Los tres tenemos familias e hijos y lo único que pedimos es una salida laboral una vez que pase todo esto. Quisiéramos que el que pueda, nos ayude de esa manera, con un trabajo cuando se levante la cuarentena”.