A la vejez viruela querida, el WhatsApp es lo mío, hasta me sale bien pronunciarlo y todo. En el grupo que tenemos con mi marido y los chicos, soy la mejor, a cada rato mandando algo. Bah, mandando audios.

Esto es adictivo, yo me crié en la época del teléfono público para llamar desde la Costa, después el locutorio, más luego pagaba fortunas de celular, pero ahora soy la reina del WhatsApp. Soy otra.

¿Cómo que ya perdiste la cuenta de los audios que te mandé?, vos me pusiste fichas para que use el coso éste, ahora bancátela piola. Además, vos también mandás tus audios, no tantos como yo, pero bien que algunos me mandás contando tus cosas.

¿Qué cómo la estamos pasando acá en Samber?, agarrate que va un audio larga duración para darte lujo de detalles. Ojos, que pueden ser varios.

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Bueno, la cosa es que los chicos hicieron sus grupos de amigos. Mi más grande con algunos que no les gusta mucho la ducha, como a él, y que les gusta arrasar con todo a la hora de comer, como él. La nena por fin hizo sociales y se juntó con bochitos como ella, como ya te había contado. Por suerte hicieron buenas migas entre ellos y armaron una flor de barra para ir a bailar y salir a dar la vuelta al perro por el centro de Samber. Hasta me parece que a la nena le gusta un chico, le pregunté si era el novio y me sacó rajando, mejor no pregunto más.

Acá voy de nuevo. Con mi marido, aprovechando que estos ya están medio crecidos para salir solos, medio que volvimos a ser novios, salimos a caminar, a tomar un helado, me siento una adolescente, medio entrada en años, con un poco de espíritu juvenil.

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Va el tercero al hilo. A pesar de que tuvimos que ser bastante gasoleros y que un día los chicos aparecieron como a las 9 de la mañana, y me tuvieron preocupada porque no me contestaban los audios, creo que mandé 20 al grupo, no nos podemos quejar demasiado.

Otro más. Resulta que los chicos me cargan por los audios que les mando. ¿Sabés lo que hacen estos atorrantes?, me mandan canciones, me hacen burla, me imitan y el mayor me manda unos ruidos que mejor no contarte, un ordinario ese chico, no sé a quién sale.

¿Qué cuándo nos volvemos para casa?

Lo bueno dura poco, querida. Mañana arrancamos la vuelta y como siempre soy la que tiene que hacer la valijita y el bolso de todos, dejan todo tirado y es una la que tiene que recorrer hasta debajo de la cama para no dejar nada olvidado y de recuerdo. Y por si fuera poco, soy la que tiene que limpiar todo el desorden y la mugre que dejaron todos, mi marido me ayuda, pero estos dos, siguen con su barrita de amigos y la limpieza, bien gracias. Pero bueno, quiero dejar todo bien limpito para que los que vengan después a este depto no piensen que soy una roñosa, seré una loca por los audios de WhatsApp y todo lo que vos quieras, pero limpita.

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