Ok, ya sé que te conté de la escapada a Sierra de La Ventana y que volvimos sin un peso por la mitad, no te voy a contar otra vez lo mismo. Quedate tranquila que tengo más historias para contarte, puedo renovar mi repertorio gracias a mis dos hijos.

¿Qué pasó ahora?, agarrate que te cuento con lujo de detalles, me van a sacar canas verdes estos dos, esto es para el fijo, no para audios de WhatsApp.

Resulta que los vi cuchicheando a estos dos y a escondidas mías arreglaron todo, con la complicidad del padre, él les da los gustos y yo soy la mala de la película.

La cosa, que en pleno día de semana, armaron un bailongo con sus respectivos grupos de amigos, los vagos amigos del mayor y los más seriecitos amigos de la nena, pero parece que en la joda se terminan pareciendo.

A las 8 de la noche ya los tenía a todos instalados en casa, nunca vi tantos pibes y pibas juntos, de locos, parecía el patio de la escuela. De cada remís bajaban como diez, no sé si cómo entraban.

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En definitiva, parece que venían con hambre porque arrasaron con todo, con todo lo que pusimos arriba de la mesa y que pagamos de nuestro bolsillo, ni un paquete de papas fritas trajeron.

En mi época, y en la tuya, no te hagas la pendex, las chicas llevábamos la comida y los chicos, la bebida a los asaltos, ahora te asaltan la heladera. Parece que en sus casas no les dan de comer o mi casa les abre el apetito.

El punto es que se quedaron con la música a todo lo que da toda la noche y después se pusieron a cantar, si se le puede decir cantar a eso, con una guitarritas que trajeron.

La verdad es que tenía miedo que los vecinos llamen a la Policía, imaginate ese batifondo, si hasta bafles trajeron, por suerte al lado vive una vieja que se clava una pasta y se duerme como un tronco, y los del otro lado también tienen pibes adolescentes, que no sino, mirá… salíamos en los diarios.

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¿Cuando se fueron?, a eso de las 9 de la matina recién y mi marido va y les compra facturas antes de irse a trabajar, saqueó la panadería para alimentar a tanto pibe junto.

Me toman por la hija de la pavota, con el verso de tener una casa grande me los encajan a mí, nos vamos a mudar un departamento y que se acabó lo que se daba.

¿Qué dice mi marido?, cómo preguntas por mi mirado, vos, ¿eh?, dice que es mejor que estén en casa y no anden por ahí. En fin, por suerte ya empiezan las clases y estos dos vuelven al colegio, te dejo querida. Voy a ver qué están tramando estos dos ahora.