Micó, el artista detrás de los históricos murales del Colegio Inmaculada

entrevista. El artista los realizó con cemento y arena hace unas tres décadas y cada paño le llevó cuatro días. "Para mí el mural es una obra que es para el pueblo", dice.

El Colegio Inmaculada de Lomas fue el primero privado del distrito y lleva en sus paredes arte puro. Murales hechos con cemento (el mismo que usan los albañiles) y arena, de la mano de Ricardo Micó que hoy tiene 91 años. 

Las paredes de Boedo al 200 no pasan desaparecidas. Los personajes y los mensajes invitan a leer y a reflexionar. Una ronda de niños alrededor de un árbol y la leyenda: "Vida es ver jugar a los niños". O dos hombres y un niño abrazados, con el texto "Por la ecología". Mensajes que recobran todavía más importancia si están en las paredes de una institución que tiene a su cargo la educación de cientos de chicos de Lomas y la región.  

"Para mí el mural es una obra que es para el pueblo, lo ve el pueblo. Entonces yo siempre pensé que debe ser un tema que el pueblo lo entienda, sin criticar la pintura surrealita ni abstracta ni nada, el mural es así", dice Micó, desde la casa de su hija, donde pasa esta cuarentena mientras pinta al óleo. 

Hacer cada paño de ese gran mural le llevó hace unos 30 años, cuatro días cada uno porque además de crear, antes hay que preparar la pared. Todo lo hacía él, salvo algunos días que contó con un colaborador.  

Para mí el mural es una obra que es para el pueblo, lo ve el pueblo. Entonces yo siempre pensé que debe ser un tema que el pueblo lo entienda, sin criticar la pintura surrealita ni abstracta ni nada, el mural es así

Los comienzos de Micó no fueron los dibujos ni los murales. "Siempre tuve la afición de pintar, pero de joven me dediqué a ser pintor de letras porque había mucho trabajo. En el asunto de la pintura uno tiene que ir al centro, visitar la galerías, pero yo no tenía tiempo porque tenía que trabajar, tenía dos hijos y tuve que construirme la casa desde los cimientos. Entonces trabajaba con mi valija de letrista y fileteador, y con eso me puse hacer la casa, la pintura la tuve que dejar ese tiempo de lado", cuenta el artista que estudió con Juan Carlos Castagnino y que sostiene que "lo que le aporta valor a la obra es el estilo del autor". 

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