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La historia de Serrizuela: de un “casual” inicio en Los Andes a la final de un Mundial

entrevista exclusiva de Diario La Unión.

A 30 años de Italia 90, un jugador formado en el Milrayitas habló de todo. De su llegada por "equivocación" al club lomense, de los pasos en falsos en otros clubes, y del "orgullo" que significó coronarse subcampeón del mundo. "Llegar a donde llegué, es un montón", dijo.

Había pasado sin éxito por Independiente, Racing, Estudiantes y Banfield. Tenía 16 años, nunca había sido titular en Inferiores, y su salida del Taladro le daba el golpe final para truncar su sueño de ser futbolista. Cabizbajo, con bronca y sin entender por qué lo habían dejado libre, se subió a una formación del tren Roca para llegar a Temperley y luego hacer combinación para Florencio Varela. Ahí el destino le tiró una soga: se equivocó de estación, se bajó sin darse cuenta en Lomas de Zamora y ese error le cambio la vida.

“Venía ciego, mal, con mucho dolor, y me bajé en la estación equivocada. Tenía mucha bronca. Pero me acordé que en Lomas estaba Los Andes y por dentro dije que no podía volverme derrotado a mi casa. Si lo hacía, dejaba el fútbol. Entonces crucé el andén, le pregunté al muchacho del kiosco qué colectivo me llevaba a la cancha de Los Andes y fui directo para allá. Justo, en ese momento, estaban probado a mi categoría, la 62. Ese hecho me cambió la vida”, recuerda José Tiburcio Serrizuela, uno de los pocos futbolistas argentinos que disputó como titular la final de un Mundial, que en ese accidental acontecimiento cambió el destino de su camino y pudo cumplir su sueño.

Los Andes le dio esa oportunidad, lo cobijó y le dio el espaldarazo que necesitaba, luego de varios pasos en falso.  Y ahí empezó a darle formar a una carrera exitosa, con un título en River (Primera División 1989-90), tres en Independiente (Supercopa 94 y 95 y la Recopa 95) y siendo subcampeón del mundo en Italia 90, del cual se cumple 30 años, siendo titular en la mayoría de los encuentros (solo había faltado en el debut ante Camerún y en la histórica victoria ante Brasil en octavos de final).

“De no haber jugado nunca de titular hasta los 16 años en Inferiores y jugar varios años en el ascenso, llegar a donde llegué es un montón. Son muy pocas las personas que lo logran. Y por eso es un orgullo para mí, para mi viejo, para mi hermano. Que un jugador haya pasado por este camino y llegue a la final de un Mundial, es muy lindo. Y es la línea que me gusta bajar, decirle a los más chicos que no se caigan, que nunca bajen los brazos, porque si te ponés un objetivo y te esforzás, las cosas llegan”, afirma hoy, con 58 años, en una larga charla con Diario La Unión.

-¿Los Andes fue muy importante en su carrera?

-Los Andes es el número 1, es el que me dio la chance de jugar en primera, donde tuve grandes compañeros, con los que todavía hoy juego en el Fútbol Senior, y por eso tiene un lugar de privilegio. Si bien jugué en River, que fue el que me dio la chance de jugar un Mundial, y en Independiente, donde logré tres títulos con equipazos, como Los Andes no hay ninguno.

-¿Por qué ocupa ese lugar?

-Cuando llego al club, después de esos pasos en falso, me encuentro con un entrenador y un preparador físico muy buenos, al punto de decir que de ese equipo de Inferiores, todos llegamos a primera. Ahí cambió todo. A los 18 debuté en primera y viví seis años hermosos en el club, con grandes compañeros y equipos muy buenos, como en la temporada de 1983, donde estuvimos muy cerca de lograr el ascenso.

-Ese es uno de los mejores equipos en la historia del club…

-El equipo jugaba muy bien, era terrible, y lo de la segunda rueda fue brillante. Ese año habíamos hecho una pretemporada muy dura en Córdoba y por eso nos costó arrancar, no agarrábamos la velocidad que quería para el juego. Pero cuando se encontró, fuimos una máquina. Eliminamos a Quilmes, Almirante Brown, y llegamos a la final con Chacarita, en una época donde ascendían los poderosos, nosotros no estábamos en esa lista, pero fuimos caraduras y estuvimos muy cerca. Salvando las distancias, creo que fue uno de los mejores equipos en los que jugué. Fue una lástima no lograr el ascenso.

-Lo vivido en Los Andes fue el puntapié de una carrera que tuvo su punto más alto en lo que fue el Mundial de 1990. ¿Cómo lo recuerda hoy ese campeonato?

-Con mucha nostalgia, porque la gente reconoce muchísimo a ese equipo, como si hubiésemos ganado. Lo ponen a la misma altura de los títulos del 78 y 86 y eso es muy lindo. Por eso, cada vez que llega junio, me pasan un montón de cosas lindas por la cabeza. Fue mi oportunidad para tener gloria y con todo el plantel sabíamos que tenía que llegar lejos. Fuimos por eso, lo logramos, y estuvimos cerca de ganarlo. Y la gente lo reconoce mucho.

-¿Hoy lo valora más que antes?

-Los primeros cuatro años sentí frustración, pero con el paso del tiempo le di otro valor, y creo que a las personas les pasó lo mismo. No es fácil llegar a una final y con los años, tanto yo como todos los argentinos, le dimos la dimensión que se merecía. Se logró algo muy importante.

-¿Cuáles fueron los momentos más lindos?

-Los partidos ante Brasil e Italia, sin lugar a dudas. Si bien en uno me tocó desde afuera (el de Brasil, por haber llegado a las dos amarillas) y el otro adentro (frente a Italia), ambos lo disfruté muchísimo. Con Brasil sufrimos los primeros minutos, lo padecimos, y más desde afuera, pero después se emparejó, pudimos hacer nuestro juego y cuando lo descuidaron a Diego (Maradona), que nunca lo podés dejar libre, y con la velocidad de Caniggia, lo pudimos ganar 1-0. Con Italia fue diferente, creo que hicimos un gran partido, uno de los mejores del torneo junto a la final con Alemania, frente a un rival que tenía un buen funcionamiento, era el local y no había recibido goles. Por suerte lo pudimos eliminar en los penales.

-Usted pateó el primero de Argentina en esa definición, también ante Yugoslavia. ¿Se sufre más cuando es en un Mundial?

-Hoy, cuando veo un partido, lo sufro muchísimo, tengo miedo que lo erre. Pero en la cancha no me pasaba eso. Yo sabía lo que tenía que hacer en esa situación: elegía una punta antes de llegar al punto de penal y le pegaba fuerte, muy decidido y concentrado, tratando de engañar al arquero, pero sin cambiar mi idea. Tenía mi ceremonia. Y en el que pateé con Italia, fui con la idea de cruzar remate hacia la derecha de Zenga, pero veo que se inclina hacia ese palo y decidió cambiar porque si pateaba como quería, me lo atajaba. La pelota, por suerte, salió al medio, fuerte, y si bien la tocó, no la pudo atajar. Fue un alivio.

https://youtu.be/mN_73tmhjjY

https://youtu.be/SqXCHQRV5lE

-¿Cómo fue tener de compañero a Maradona?

-Afuera de la cancha, un fenómeno, el gran capitán, muy justo con todos los compañeros y siempre peleaba por nosotros. Y en el campo de juego, ¿qué puedo decir? Nosotros lo estábamos esperando, teníamos la ilusión de que tenga el mismo nivel que en el 86, pero por las lesiones, no pudo estar tan brillante como en aquel Mundial. Pero un día apareció. Con Brasil, en esa jugada del gol, mostró todo, se sacó de encima a tres rivales y en el piso, y con la derecha, le dio el pase a Caniggia para que haga el gol. Ése fue un mensaje para Yugoslavia, Italia y Alemania. Eso nos emparejó el trámite los siguientes partidos, lo empezaron a marcar con dos o tres futbolistas, y nos abrió muchos espacios.

-¿Cómo convivieron ustedes con esa lesión que tuvo Maradona?

-Yo me di cuenta de la dimensión de la lesión después del Mundial. Si bien él decía me duele, nunca nos mostró cómo tenía el pie. Los tratamientos los hacía en su pieza, el único que seguramente sabía era el “Checho” Batista, que era su compañero de habitación. A nosotros nos lo ocultaba. El daba la sensación de que estaba 10 puntos. Y me parece bárbaro. Para nosotros, él estaba entero y esa era la imagen que el daba con nosotros. Un fenómeno en todo sentido. Hasta eso escondía para darnos seguridad a nosotros. Un gran capitán.

-Si bien no se pudo ganar el Mundial, se celebró como un título. ¿Por qué fue eso?

-Nosotros habíamos llegado dando ventaja desde lo físico, con jugadores golpeados, varios lesionados, y otros que hacía poco se habían recuperado de lesiones complicadas. Y eso, ante equipos europeos, que ya tenía otra preparación, fue mucha ventaja. Por eso llegar a donde llegamos fue algo épico, nos sobrepusimos a todos y estuvimos cerca de ganarlo. Hoy se ve a

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