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Poeta del tango

Para el Maestro Horacio Ferrer.

A sus 81 primaveras, el 19 de diciembre de 1914, hace ya un lustro, fallecía Horacio Ferrer, presidente de la Academia Nacional del Tango y compositor de más de 200 canciones, como “Chiquilín de Bachín” y “Balada para un loco”, como parte de una prolífica sociedad con Astor Piazzolla.

Mucho antes de desplegar su verba florida, había nacido en Uruguay como Horacio Arturo Ferrer Ezcurra el 2 de junio de 1933.

Fue autor de numerosos libros sobre esa música popular y su entorno, entre ellos el esencial "El Libro del Tango. Arte Popular de Buenos Aires". Hijo de un profesor de Historia y una madre que era sobrina bisnieta de Juan Manuel de Rosas, creció en un hogar montevideano en una familia culta que había llegado a conocer en persona a grandes de la literatura, como Amado Nervo, Rubén Darío y Federico García Lorca.

Tuvo un paso corto por la universidad en la Carrera de Arquitectura y también fue periodista en un par de diarios de la vecina orilla. También condujo programa radiales y televisivos, con el tango y la poesía como ejes.

Publicó su primer libro de poemas, "Romancero canyengue", en 1967. El éxito del libro en ambas orillas del Plata, recibió las buenas críticas de las mejores plumas del tango y motivó que Piazzolla musicalizara su poema "La última grela", que en principio iba a tener acordes de Aníbal Troilo.

Con estos laureles, Ferrer llegó Buenos Aires convocado por Piazzolla y a fines de 1967 ya estaba viviendo en una casa de Lavalle al 1400, que había sido la vivienda histórica de los Ezcurra, la familia de su madre.

La primera gran obra entre músico y poeta fue la operita "María de Buenos Aires", que se estrenó un año después en la ya extinta Sala Planeta, de la calle Suipacha, con Amelita Baltar y Héctor de Rosas como protagonistas y Ferrer como recitante.

En 1969 la dupla compuso "Chiquilín de Bachín" y "Balada para un loco", dos obras que venían una a cada lado de los discos simples que se vendieron como pan caliente, y que aportaban a la música ciudadana un perfil de apertura como nunca se había dado, al margen de las polémicas de turno.

Siguieron otros temas, que el público vio primero con desconfianza y luego con pasión desbordante, la lista incluye a "Balada para mi muerte", "El Gordo triste" -en homenaje a Troilo-, "La bicicleta blanca", "Los paraguas de Buenos Aires", y otros, hasta llegar a la cantidad de 40.

Ferrer era un todo un dandy, vivió junto a su esposa Lulú en el Hotel Alvear, cerca de la Recoleta, donde se instaló en 1976, y que fue su guarida porteña hasta los últimos tiempos.

Era en las últimas décadas una leyenda viviente, un caballero a la antigua que parecía recitar cuando hablaba, un conocedor del tiempo pasado no hace mucho.  Un personaje entrañable que hace un lustro se fue con la poesía a otra pa

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