El segundo cardiólogo que ingresó al quirófano donde falleció la periodista y legisladora porteña Débora Pérez Volpin, Diego Cabrera Argaña, declaró en que al ingresar vio a la víctima en "estado catastrófico" sin chances de vivir.
Las tareas de reanimación duraron aproximadamente 45 minutos.

El segundo cardiólogo que ingresó al quirófano donde falleció la periodista y legisladora porteña Débora Pérez Volpin, Diego Cabrera Argaña, declaró en el juicio por la muerte de la periodista que "ni el endoscopista, ni el anestesista pudieron explicar por qué ingresó en paro cardíaco" y falleció.

El profesional precisó que ni bien ingresó al lugar vio a la víctima en un "estado catastrófico" y que consideraba que ya no tenía chances de vivir. Según declaró, al ingresar al quirófano entendió que ya hacía varios minutos que la periodista estaba muerta y la vio "llena de aire por todos lados".

Además, Cabrera Argaña estimó que las tareas de reanimación duraron aproximadamente 45 minutos hasta que declararon a la legisladora porteña como fallecida.

Luego declaró la primera cardióloga que ingresó al lugar, Agustina Ramos, quien hizo las tareas de reanimación y asumió -según dijo- "el liderazgo" del equipo en ese momento mientras vio que la anestesista Nélida Puente le colocó una máscara laríngea para intentar reanimarla.

"Al ver que no tenía pulso comencé con las tareas de reanimación", relató Ramos ante el juez Javier Anzóategui luego de responder preguntas de la querella, las defensas, de la fiscal y el propio juez. La profesional recordó que una vez que Pérez Volpin fue declarada fallecida, fue a ver a Puente que estaba descompensada y se cruzó con el endoscopista Diego Bialolenkier, quien le dijo que "no entendía qué había pasado porque había actuado correctamente".

También coincidió en que con el avance de las tareas de reanimación, el cuerpo de Débora se hinchaba y asumía un color azulado.